En este interesante artículo aprenderemos sobre Arturo Prat, quien nace en una residencia que funge como casa patronal, conocida como San Agustín de Puñual – Itata, el 3 de abril de 1948. Descubra todo lo que desconoce acerca de este personaje a continuación. No se lo pierda!!

ARTURO PRAT

Biografía de Arturo Prat Chacón

Pedro Agustín Prat corresponde al nombre de su padre, cuya familia tiene su propio renombre en Santa Coloma de Farnés, perteneciente al departamento de Cataluña, España. Por su parte, su madre llamada María Luz Rosario Chacón y Barrios.

La vida ostentosa de su padre se vio mermada con un incendio que acabó por completo con el negocio familiar. A partir de allí, la ruina económica y moral entró por la puerta de los Prat Chacón. Con este evento vieron forzados en mudarse a la casa San Agustín de Puñual para empezar desde cero con otros proyectos para salir adelante. Don Andrés Chacón, hermano de María Luz y cuñado de Don Pedro, les recibió con gran hospitalidad.

La pareja Prat Chacón estuvieron envueltos en la fatalidad de perder tres hijos que con mucho amor concibieron en la hacienda de Don Andrés. Arturo Prat Chacón logró sobrevivir, pero su esperanza de vida no fue nada alentadora, por presentar una fisonomía débil y poco ánimo de luchar por su vida desde bebé. Su madre siempre mantuvo la esperanza que sanaría con ayuda de la hidroterapia como procedimiento.

Con el fenómeno en plena vigencia “Fiebre del Oro de California” su tío Andrés vio multiplicada su fortuna al hacer grandes negocios. Posteriormente los malos resultados aparecieron, con pérdidas cuantiosas de dinero, despertando la preocupación de toda la familia con tan devastadora noticia. No tuvo otra alternativa que hipotecar la hacienda hasta prescindir de ella con una venta apresurada.

Arturo Prat: Su niñez

Un nuevo traslado cambió los planes de la familia Prat Chacón, quienes ya estaban experimentando por segunda vez una vida ostentosa. Para olvidar un poco la mala fortuna, aventuraron en un velero Talcahuano – Valparaíso, para distraer la mente. A pesar que aquella actividad consistió un poco de descanso, María Luz nunca dejó de aplicar el procedimiento de hidroterapia en Arturo Prat.

ARTURO PRAT

En la capital de Santiago, la familia residió en una pequeña granja, bastante cerca de Providencia. Dicha residencia perteneció a su abuelo, Don Pedro, bastante próspera y cercana a la ciudad, por tanto no estaban aislados de la civilización. Entre otras biografías, que a su vez están enlazadas con el mundo literario, es fundamental conocer la Biografía de Ana Frank.

La condición campestre sirvió de mucho para que Arturo Prat  creciera sin debilidades, con gran estado de salud. Su madre sorprendida, pero al mismo tiempo alegre, prescindió de una larga jornada de hidroterapia con más de un año en aplicación para estar segura que su hijo sería un hombre sano. Ahora, la expresión debilucha y melancólica dio lugar a un niño lleno de vida e inquieto por jugar. Jacinto Chacón lo describe “de apariencia triste y distraída”.

El tío Jacinto fue pionero para la recuperación física de Arturo  Prat Chacón, gracias a su devoción por los ejercicios y el calentamiento físico que aprendió en la granja. Con su ayuda, el niño paulatinamente inició su integración con el resto de infantes en la comunidad, que siempre lo excluyeron por ser débil.

Un nuevo accidente llenó de angustia a la familia, cuando en medio de un conflicto con otro niño, Agustín fue atropellado, sin consecuencias lamentables. La Biografía de José Emilio Pacheco es igual de importante, gracias a un vasto números de libros que compete leer.

Hasta 1854 la familia Prat Chacón vivió en la pequeña granja para establecerse en una casa más pequeña en la Nueva de San Diego. Dos años después, el pequeño Arturo ingresó a una escuela, con gran campanario que funciona como el timbre que marca el inicio y el fin del recreo para retomar las aulas. En su tiempo se hizo famosa por conocerse en todo el barrio como “Escuelita de la Campana” por su sonido peculiar y el tamaño de tal instrumento para marcar pauta de la institución.

Don Bernardo Suárez y Don Eliseo Otaíza (Director y sub-Director respectivamente) influenciaron mucho en la conducta de Arturo Prat, hasta convertirlo en un alumno de buena conducta. Algunas riñas con niños, pero casos aislados que hasta cierto punto son entendibles para niños de esa edad. Presentó dificultades con las matemáticas, pero esta debilidad con el paso del tiempo pasó a ser una gran virtud, con buen dominio de las mismas.

ARTURO PRAT

En 1856 recibió su primera distinción por destacar en las evaluaciones de matemáticas, lengua, geografía y religión. Estos premios no representaron un cambio importante en la vida pueril de Arturo Prat, pues su madre enfatizó en su personalidad aislada y reservada en la mayoría de las ocasiones. Eso sí, su personalidad apagada no ocultó un sinfín de travesuras que generalmente hacía retornando a su hogar, en medio de la calle.

Cuando se sentía bajo presión por sus compañeros de escuela o cualquier otro niño de la calle, utilizaba su fuerza para defender sus derechos. Un compañero de clases declaró que peleó con él por comerse una empanada frita que no le correspondía, dejándolo sin el respectivo alimento. Quienes estaban en grados superiores a él, en la salida lo amenazaban con golpearlo con palos y piedras, por su fama de bravucón solitario.

Rumbo a casa de su almacenero encontró un cuchillo o un machete para defenderse de los delincuentes. Los alumnos mayores pretendieron acusarlo con el Director Suárez, pero él intercedió a favor de Arturo por realizar un acto en defensa propia “solo para intimidar a los muchachos”. Las historias de mujeres también son valiosas, como el caso de Josefa Ortíz de Dominguez.

Contando con 10 años de edad, el 25 de agosto abandonó la Escuela de la Campana para inscribir su nombre en la Institución Naval el día 28. En su despedida de la escuela, para el boletín, el Director anotó en su informe los siguientes adjetivos:

  • Excelente.
  • Carácter inquebrantable.
  • Bueno.
  • Valeroso.
  • Capacidad.
  • Inmejorable.
  • Constante.
  • Responsable.

El Cadete más sobresaliente: Arturo Prat

Con ayuda del Presidente de la República Don Manuel Montt Torres, Arturo Prat obtuvo su ingreso mediante una beca a la Escuela Naval. Compartió con Luis Uribe Orrego, el hijastro de su tío Jacinto, que a su vez es el apoderado de ambos.

ARTURO PRAT

Juan Julio Feillet es el mentor principal de este colegio, que respaldó las necesidades de todos los inscritos para ser grandes Cadetes. Con el paso de los meses conformó el “curso de los héroes” con varios marinos de gran renombre como los siguientes: Constantino Bannen Pradel, Carlos Condell de la Haza, Wenceslao Frías Urrutia, Miguel Gaona Yáñez, Juan José Latorre Benavente, Francisco Javier Molinas Gacitúa, Carlos Moraga Suzarte, Jorge Montt Álvarez, Guillermo Peña Urizar, entre otros más que destacan.

Los viejos fantasmas regresan en cuanto al aprendizaje de Arturo, por enfrentarse con serias anomalías para resolver problemas de lógica matemática. De igual modo, mostró inconsistencias en su temperamento, siendo ejemplar y rebelde a la vez. Al poco tiempo superó sus dilemas hasta obtener una medalla de plata por lo aprendido en la Escuela Naval.

El segundo año de estudios fue fundamental para su aprendizaje en el mundo náutico. Su primer viaje lo realizó en “Independencia” para aplicar todos los conocimientos en su trayectoria. Su rol estuvo enmarcado por maniobras de vela y aparejo. Más adelante surgió la necesidad de introducirse en la artillería. En 1859 zarpó a Caldera, mientras que realizó otro viaje en “Maipú” con un cargamento de víveres.

En sus primeros viajes como marinero, permitió conocer toda la zona litoral que engloba a la República, bastante emocionado por conocer el sistema natural que rige a su nación. Por otra parte, el periodo presidencial de José López Portillo es transcendental para su nación.

Embarques, desembarques y un viaje en “Esmeralda” fueron sus principales actividades desarrolladas en 1860. Simulacros y operaciones de rigor permitieron que Arturo Prat residiera hasta marzo de ese año para regresar a la escuela. A mitad de 1860 regresa a “Esmeralda” y poco después a “Maipú” con destino a Quintero para cumplir con los quehaceres en honor a Roberto Simpson.

ARTURO PRAT

En los reportes anuales efectuados por la Escuela señalan la violencia del joven contra uno de sus compañeros, de Candell. Incluso, Arturo estuvo arrestado por cuatro horas como escarmiento por su mala conducta en episodios puntuales de su estadía en la Naval.

En aquel tiempo fortaleció sus músculos con el ejercicio gimnástico, en pro de un mejor rendimiento en el instituto. Esta enseñanza la aprendió de su tío Jacinto, al verlo entrenar hasta obtener un cuerpo atlético y resistencia envidiable. Jacinto recuerda que él podía levantar barras de hierro y retenerlas por varios minutos con los brazos extendidos. Aquel muchacho raquítico y de aspecto melancólico quedó en el olvido.

 Guardiamarina

En los exámenes finales llevados a cabo en 1861 fue acreedor de una nueva distinción como el primer lugar en recursos teóricos, muy por encima de sus compañeros. Dos semanas después retoma a “Esmeralda” con destino a Talcahuano, para luego afrontar el camino a Lota para trasladar una carga de carbón. Manuel Escala bajo el mando de esta embarcación, hasta que más tarde emprendieron rumbo al sur.

El 01 de octubre de 1861 Agustín y la tropa llegaron a Valparaíso, no sin antes afrontar una gran cortina de humo que impidió seguir las coordenadas necesarias para llegar al lugar. En esa embarcación transportaba varios objetos como el carbón, siendo predominante, seguido de explosivos y municiones de carácter naval. Siempre había riesgos de llevar consigo materiales explosivos, pero sortearon con cada obstáculo en medio de “Esmeralda” y “Maipú”.

«Douguay Trouin» como navío alternativo de origen francés también fomentó la carga explosiva para aligerar la carga de las embarcaciones frecuentemente mencionadas.

Sin embargo, las bombas tardaron mucho en funcionar. Los oficiales de marinería con constancia echaron agua por la escotilla para calmar el fuego que estaba a punto de abrazarlos. El humo estaba haciendo de las suyas hasta acortar la respiración de varios marineros. El incendio no cesó, por lo que la nave fue abandonada inmediatamente para no lamentar pérdidas humanas.

No hubo otro remedio que usa una lancha a vapor encontrada en “Esmeralda” para continuar con sus operaciones. En este caso, quisieron echar abajo ese pontón, pero sus herramientas no fueron suficientes producto del incendio que alteró cada plan que los marineros tenían en mente. Incluso el «Douguay Trouin» se sumó a la labor de cañonear al pontón. Pese a los esfuerzos, aquella muralla no dio su paso a torcer y continuaban atacando a las embarcaciones con la mayor fuerza.

Alrededor de 10.000 espectadores observaron la confrontación entre embarcaciones y el pontón, pero con la mirada atónica al distinguir una fuerte explosión en la santabárbara del barco que ensordeció por varios segundos el ambiente. Paradójicamente, quien siempre se mostró inofensivo desde su niñez, fue quien dio aliento a los marinos caídos para continuar en la lucha. Metal y madera volaban por los aires, mientras el pontón vio frustrado su objetivo de acabar con las embarcaciones alternativas en que yacía Arturo Prat.

La recuperación de “Esmeralda” fue satisfactoria, para ejecutar planes de nuevos viajes hacia el sur. Una visita al archipiélago Juan Fernández calmaron un poco los nervios a raíz del enfrentamiento con el pontón, hasta rescatar al navío “Lima” que había naufragado. Todos los pasajeros salieron airosos, enfrentándose a las calamidades de la Península de Mejillones. De regreso a Valparaíso, siguió el rumbo a Talcahuano y Caldera.

Con la reestructuración de “Esmeralda” condujeron a nuevos cambios gerenciales, como la designación de Galvarino Riveros Cárdenas como el Nuevo Capitán de la unidad. En la Isla Tenglo percataron que la embarcación estaba en mal estado y que ameritaba una serie de ajustes para que marchase sin contratiempos en medio del mar. La pasantía de este Capitán no tuvo mayor éxito, porque fue sustituido por Juan Williams Rebolledo.

Rebolledo tuvo una importante labor dentro y fuera de las causas náuticas, porque defendió los intereses de los chilenos vejados frente al ventajismo establecido por el gobierno de Cobijá. En julio de 1894, Arturo Prat realizó una serie de evaluaciones teóricas y prácticas para ser exaltado como Guardiamarina experto. Por supuesto, estas pruebas fueron aprobadas con total satisfacción.

En ese mismo año, diversos momentos históricos conllevaron a guerrillas internas que trastocaron la vida tranquila española. La corona española sostuvo una postura neo-colonialista, al comandar una Escuadra que hizo estragos en medio del Pacífico para tomar por asalto las islas peruanas de Chincha.

Juan Williams Rebolledo continuó con sus labores náuticas bajo el contexto de la guerra española, contando con la asistencia de un Prat ya experimentado en el mundo marítimo. En 1895 embarcaron en “Esmeralda”. El 26 de noviembre de ese mismo año suscitó otro evento de combate, esta vez una embarcación chilena sometió a una goleta española llamada “Virgen de Covadonga”. No obstante, la situación nunca permitió que los españoles repusieran el daño, hasta representar un ascenso de rango para todos los marinos que participaron en estas acciones.

El 29 de noviembre Arturo Prat dejó de ser Guardiamarina para ser condecorado como Teniente Segundo. Aparte, recibió otra compensación correspondiente a sus actividades de captura a la nave chilena. Sin duda que la suerte sonreía cada día más al joven marino que desarrolló grandes destrezas de combate con el pasar del tiempo. Aproximadamente unos 700.000 pesos obtuvo como premio monetario que, la mayoría de este gasto fue enviado a su madre.

El Teniente 2°

“La Covadonga” fue incorporada como otra de las naves en que estuvo trabajando Arturo Prat luego de la victoria de noviembre. Este transporte estuvo comandado por el Capitán Manuel Thompson Porto Mariño. El primer trabajo conferido para el Teniente y su tropa, es conducir a todos los presos españoles que cayeron en el enfrentamiento a Papudo. Estacionados en Los Vilos, tuvieron oportunidad de reparar los pequeños desperfectos que “La Covadonga” sufrió a raíz del combate.

“La Covadonga” para diciembre estaba en condiciones óptimas para zarpar a Magallanes para capturar a otra embarcación “San Quintín”. Este barco secundado por “Marqués de la victoria” tenía la misión de transportar armamento para que las escuadras españolas obtuvieran su revancha por lo ocurrido en el mes pasado. La navegación ocurrió sin inconvenientes, cruzando por todas las zonas protegidas en el Estrecho de Magallanes.

El 7 de enero de 1866 la tripulación llegó hasta Punta Arenas, siendo avisados los entes gubernamentales de esta aventura. Lo más interesante de esta llegada es que ningún otro barco se había atrevido a cruzar el Estrecho de Magallanes, pues solo “Marqués de la victoria” lo hizo en su momento. Ya en el puerto, las autoridades rusas notifican a Thompson que ningún buque de origen español había cruzado el territorio, como tampoco algún indicio que alguno llegaría por Montevideo.

El 9 de enero, un buque estaba en las inmediaciones del Atlántico y todos mostraron interés por identificarlo. Perdieron las esperanzas de imaginar que se trataba de la embarcación española al distinguir que se trataba de otro buque ruso. Sin noticias al respecto, todos partieron a Playa Parda, para rescatar a “Sobel” otro transporte ruso que tuvo problemas para llegar a tierra firme. Dos días pasaron para que “Sobel” tocase tierra firme, con sus pasajeros a punto del desespero y con poca provisión para su subsistencia.

La navegación al norte se hizo difícil gracias a las condiciones climáticas que no contribuyeron en un trayecto tranquilo y sin contratiempos. La búsqueda de naves enemigas tampoco fue fructífera, por lo que “Covadonga” estacionó en Abtao el 3 de febrero. Lo curioso del caso es que cuatro días antes de llegar, otras fragatas españolas ya habían cruzado por Abtao, específicamente “Villa de Madrid” y “Blanca”.

La derrota que los españoles sufrieron en Papudo los condujo a ser más prevenidos, tomando revancha con otros buques aliados chileno-peruanos. El 7 de febrero de 1866 se produjo el combate de Chiloé, en el que las embarcaciones españolas planificaron un duro golpe para recuperar la gallardía que en Papudo perdieron. El intercambio de cañones se dio entre “Covadonga” con “Blanca” y “Villa de Madrid”.

Si bien es cierto que otras naves aliadas estaban presentes, no pudieron ayudar a sus alianzas por falta de carbón y otras provisiones que limitaron su participación, como tampoco el nivel de las aguas permitió que interactuaran. Arturo Prat estaba presente en “Covadonga” que pese al ataque incisivo de los buques españoles, sorteó todos los cañonazos que recibió. Prat y sus amigos no resultaron heridos, pero los españoles si contaron con un par de muertos en pleno ataque.

Manuel Villar es el nombre del Capitán suplente que había comandado a las naves aliadas, en sustitución de Juan Williams Rebolledo, quien se hallaba en “Esmeralda” desde el 5 de febrero en otras tierras, buscando carbón y provisiones para los buques peruanos.

En el apostadero de Huito, “Covadonga” fue reparada en pequeñas averías para fortificar su estructura. “Blanca” en compañía de “Numancia” intentaron otro ataque sin resultados, gracias a lo equipada que estaba la nave de Arturo Prat Chacón. Al principio arremetieron con toda su artillería, pero posteriormente emprendieron el camino de retirada por no obtener el objetivo de derrotarlos.

Cuando la Escuadra de Arturo Prat derrotó a estos barcos y los mismos se alejaban cada vez más del Pacífico, el 30 de septiembre se produjo una insurrección orquestado por el buque “Unión” de origen peruano. Sin embargo, Manuel Escalada, Capitán de esta nave ordenó a Thompson que llevará las riendas de este motín. De regreso con “Esmeralda” y con la ya muy conocida “Covadonga” los Tenientes Latorre y Prat asumieron papeles de mayor importancia en tal movimiento.

Con este proceder, el cabecilla no tuvo más alternativas que esconderse mientras los buques aliados ganaban más vigor al momento de acercarse. Al terminar la jornada, los implicados fueron detenidos por someter un barco peruano, quien a su vez recibía órdenes de un chileno desde un puerto ubicado en este país.

Más adelante, la Escuadra descansó algunos días en Valparaíso, a sabiendas que los buques españoles estaban distanciados del Pacífico Sur. En tal lugar mantuvieron vigilancia para capturar a aquellos barcos tardíos que se aproximaran en esas zonas. Gracias a estas maniobras de vigilancia apresaron al barco inglés “Thalaba” con víveres y armas para las tropas españolas.

El Teniente Arturo Prat recibió una cuota de responsabilidad de entregar a las autoridades a todos los acompañantes de las naves infiltradas en función de no apoyar a los marineros hispanos con oscuras intenciones.

En diciembre de 1866, Arturo Prat prestó su colaboración con el buque “Uruguay” que había partido desde Valparaíso con una carga de trigo, pero afectado por condiciones climáticas perdió el norte del trayecto. De acuerdo a sus conocimientos marítimos, Prat no dio rastro con aquella embarcación gracias a la inclemencia temporal que suscitó desde Valparaíso hasta la presunta zona donde estaba el buque. No tuvo otra alternativa que regresar a “Covadonga” no sin antes declarar náufraga a esta nave.

En pleno inicio de 1867 “Covadonga” recibió otra re-estructuración para incorporar nueva artillería con el propósito de establecer exploraciones hidrográficas en el archipiélago Juan Fernández y Carrizal Bajo. Un año después se aleja un poco de esta nave para transportarse en “O’Higgins» bajo la tutela de Ramón Cabieses.

Ubicado en esa embarcación estuvo al tanto del terremoto que azotó a Perú el 13 de agosto de 1868, con un maremoto incluido. Ciudades como Arequipa no resistieron la fuerza de este fenómeno, por consecuencia del descontrol de las aguas en la costa sur.

“Maipú” fue utilizado para llevar víveres y alimentos a la población de Arequipa y el resto de comunidades afectadas, con ayuda de Julio Lynch. Arturo Prat Chacón bajo las órdenes de Lynch condujo el alimento para regresar a sus labores cotidianas en “O’Higgins». El 9 de diciembre “Esmeralda” y “Chacabuco” se unieron para llevar más dotación a Perú para aminorar sus problemas a raíz del terremoto. Del mismo modo, para llevar el cuerpo de Bernardo O’Higgins y abandonarlo en el mar, considerado como el padre de la patria en Chile.

En enero de 1869 tuvo la tarea de introducir a los nuevos cadetes en la Escuela Naval, con un viaje al archipiélago Juan Fernández. Luego, se transportó en “Ancud” para llevar una carga de alimentos hasta Magallanes. A mediados de ese año regresó a “Thalaba” como oficial de detall, para navegar en Magallanes, Arauco y Valdivia.

Teniente 1°

En septiembre de 1869 recibe el ascenso como Teniente Primero, mientras abordó a “O´Higgins” contando con la tutoría de José Anacleto Guñi.

Todo ascenso significa un mayor compromiso con la Naval, sin embargo, Prat no detuvo su progreso en el estudio de las matemáticas, una de sus grandes debilidades desde niño. Se especializó en cosmografía trigonometría esférica. A su vez, se enfocó en estudiar materias humanísticas para ser galardonado con una licencia en esta área. Bajo esta premisa, quiso ingresar a la universidad para dar un vuelco a su vida en la carrera de Derecho.

En enero de 1870, “O’Higgins» lleva de paseo a todos los alumnos nuevos que aspiraban ser cadetes o los aprendices que apenas reciben los conocimientos básicos para ser marineros naturales. En este viaje de instrucción también estuvo presente Arturo Prat. La primera actividad a desarrollar por los jóvenes es dibujar un plano de Isla de Pascua, el sitio ideal para estructurar el espacio en el papel.

Ignacio Gana, el Director de la Escuela Naval se mostró complacida al ver el buen trabajo de todo el equipo de aprendices que ingresaron en ese periodo. Los Cadetes y oficiales de rango medio también festejaron la gran labor de aquellos muchachos en la isla.

Mientras tanto, Arturo Prat estuvo encargado de reparar el mástil del barco, que estaba en mal estado desde hace algún tiempo. Su evolución como Cadete y luego como Teniente Primero le permitió ser más estricto con las embarcaciones y su cuidado interno.

Antes de partir de la isla, una plenaria con todos los presentes suscitó para tocar ciertos puntos, como incorporar a los nativos de la isla como nuevos aprendices en función de ser futuros marineros. Lamentablemente estos ciudadanos no contaban con una nacionalidad estable, siendo tomados en cuenta como pascuenses y nada más, sin atribuirse un país de origen al cual remitir en los archivos de inscripción.

Prat intercedió ante su superior para que involucrara a alguno de los interesados, pero sin opciones de aspirar a marineros. Algunos resultaron como cocineros mientras que otros recibieron el apoyo como camareros, para formar parte de la familia de la embarcación. Este acto fue visto como una obra de caridad por parte de Arturo Prat por el apoyo que los ciudadanos de la isla brindaron al momento de conducir a los aprendices que dibujaron el plano.

Nuevamente surgió la necesidad de estudiar Derecho, por lo cual envió una epístola con el objetivo de presentar el examen ante el Consejo Universitario para aspirar a un cupo. Supo muy bien cómo organizar las fechas, para no colisionar con un viaje previsto a Mejillones en los próximos días.

Cuando llegó de Valparaíso el 30 de octubre presentó un tiempo sabático para cumplir con la universidad; petición que fue concedida por el directivo de la Escuela Naval. Varios exámenes realizó en el Liceo de Valparaíso y en el Instituto Nacional de Santiago. Los resultados fueron positivos para otorgarse el título de bachiller en humanidades. Este galardón le abrió las puertas automáticamente en la universidad para incursionar como futuro abogado.

Lo más honorable de estas acciones establecidas por Arturo Prat fue dividir su tiempo entre su gusto por la vida naval y su aspiración de ser abogado. En algún momento se sintió entorpecido en sus labores náuticas, por presentar mayor énfasis en sacar una alta calificación para ingresar a la universidad.

En abril de 1871 como Oficial Segundo estuvo a bordo de “Arauco” con destino a Mejillones. Luego viaja a Lota para hallar carbón para la embarcación. El 12 de mayo el espesor de la neblina produjo un accidente considerable, cuando la nave se estrelló en Viña del Mar. Si bien se salvaron de morir, el Capitán Hudson envió a Prat para equipar los aparejos.

“Arauco” a raíz del accidente no pudo reponerse en su totalidad, por lo que Arturo abordó a “Valdivia” haciendo un cambio necesario. La transformación de “Valdivia” contribuyó para elaborar un pontón y al mismo tiempo una sucursal de la Escuela Naval, cuyo Director ahora es Luis Alfredo Lynch, mientras que el Capitán de la nave es Ignacio Gana. Aunque este buque no sirvió como escuela de aprendizaje, si contribuyó para que los jóvenes formados sirvieran en las misiones a destacar en la marina.

En Mejillones, la situación cada día tornó tensa, gracias a que los gobernantes bolivianos quisieron irrumpir en los intereses de los entes chilenos, causando bastante tensión entre ambos bandos. Mientras la lucha por el poder continuaba, en «Esmeralda» el adoctrinamiento de los marineros se intensificó, a tal grado de estar preparados ante una eventualidad si la querella entre chilenos y bolivianos aumentaba.

Mientras estuvo en Mejillones, Arturo Prat fungió como docente de los principios básicos en el mundo naval. No obstante, tuvo que aprender de otras cláusulas relacionadas con las ordenanzas españolas, para regirse de acuerdo a la ley para impartir su enseñanza. Las teorías del derecho público y administrativo son los favoritos de este personaje al momento de acercarse a sus pupilos. Su función como docente fue bien valorada por todos los presentes. Estos estudios contribuyeron a fomentar un poco su interés por las leyes y el derecho.

En 1872 continuó con este camino de la docencia, esta vez para ilustrar a los alumnos sobre tácticas marineras. El Capitán Ramón Vidal destituyó a Arturo Prat de impartir la cátedra para ofrecerle un compromiso mayor: ser el Sub-director Oficial y maestro de tiempo completo de «Esmeralda». Más adelante por incapacidad de salud en uno de los directivos, asumió el cargo en forma interina.

Desde agosto hasta finales de noviembre, ahora el buque que estaba a su cargo tuvo que retornar hacia Mejillones. La enfermedad de sus superiores permitió que asumiera otra sustitución, esta vez la del Capitán Lynch, para hacerse cargo de la Escuela Naval. Su nave fue relevada en Abtao, que partió el 28 de noviembre de 1872.

El Capitán de Corbeta

En mayo de 1873 contrajo nupcias con Carmela Carvajal, con quien construyó su propia familia. Ahora Arturo Prat no estaba solo, pues tenía un núcleo por el cual velar de ahora en adelante. En ese mismo periodo de tiempo, finalizó su tiempo de capitán interino de la corbeta, hasta que Lynch se recupera y regresa a su título original. Arturo no perdió sus derechos como Teniente subordinado de Lynch, por ser su hombre de confianza.

Valparaíso en 1875 estuvo azotada por los problemas climáticos y «Esmeralda» fue el centro de tales estragos. El buque permaneció atado a varias cadenas con su boya. El panorama no parecía alentador en aquel entonces, porque las lluvias y tormentas eléctricas amenazaban con situarse por varios meses. Lynch solicitó un nuevo permiso especial con motivo de una enfermedad.

En el periodo comprendido del 23 al 24 de mayo, el tiempo pasó de unos vientos sencillos hasta una tempestad que puso a pensar en todos los integrantes de los buques y puertos.

Por ejemplo, resultaba difícil caminar por el puerto, al mismo tiempo que las olas afectaban la cubierta de los barcos. «Valdivia» estaba contiguo a «Esmeralda» con cierto margen de distancia, pero la tormenta rompió las cadenas de ambas embarcaciones hasta que colisionaron entre si, causando daños leves y otras pérdidas medianas, relacionadas con la manufactura de las mismas.

El fenómeno temporal despertó la angustia del Capitán Lynch, que inmediatamente de conocer todos los pormenores, se acercó hasta el lugar del incidente para reportar los daños. Más adelante se apersonó el Capitán de corbeta Arturo Prat. Como dato importante, Prat se halló enfermo al momento del accidente, pero no desistió de asistir al lugar para ver los desperfectos, llegando con ayuda de una flota emergente.

Quienes estaban a cargo de los remos no quisieron acompañar a Prat, por miedo a morir ahogados en el mar por causa de los vientos fuertes. Ni con precios de oro o una recompensa cuantiosa, este personal estuvo dispuesto a arriesgar sus vidas por las corrientes de viento suscitadas en Valparaíso. Lynch mostró el temple necesario para que todos los buques partieran, a regañadientes de quienes rehusaron en participar en las labores. Con una ardua labor, removieron todo el agua de la cubierta en la corbeta.

Muchas maniobras dieron lugar para que la corbeta saliera a flote, sin necesidad de víctimas lamentables durante este procedimiento. Para rescatar en la medida de lo posible en estas labores con el cambio climático de los vientos, los cadetes están sujetados por una cuerda al mástil del buque, con el objetivo de no caer al mar o golpearse con las desviaciones del propio barco.

El Comandante Lynch, junto a todos sus pupilos, a paso lento pero seguro, inició la labor de depurar la proa de toda el agua contenida para al fin lograr hacer la respectiva limpieza a posteriori de la inundación. Varios cabos a tierra circularon por la zona a altas horas de la noche, para transitar espías dentro y fuera de las inmediaciones. No obstante, las actividades tuvieron que detenerse, por las condiciones temporales y las altas horas de la noche que impedían una visión clara de las actividades asignadas.

Los oficiales de marina, en compañía de los miembros de la comunidad, acompañaron a todos los presentes para optimizar las labores de limpieza y salvaguardar los buques por los estragos causados gracias a la tormenta.

No importó el tiempo en que terminaron las labores, sin contar las exhaustivas horas de madrugada que todos la escuadra pudo rescatar a muchas personas por el percance temporal. El Comandante Lynch, muy complacido de su equipo, agradeció el buen trabajo que hicieron cada uno de ellos.

Luego que cesó un poco la tempestad en Valparaíso, todo el equipo dispuso de su esfuerzo para recuperar en gran medida a «Esmeralda» quien resultó bastante afectada en su estructura. El Mayor General, Juan Williams Rebolledo, agradeció el esfuerzo de todo su equipo en su fase de recuperación. Con la colaboración de «Ancud» y «Adela» como buques de remolque, «Esmeralda» llegó a su nuevo destino para ser reparada con mayor facilidad.

Arturo Prat, por el estado inestable en la salud de Lynch, varias veces asumió la responsabilidad de comandar la Escuela Naval y los buques aliados, con gran certeza y conocimiento sobre lo que hacía, ganándose la confianza de sus superiores.

En la Comandancia General de Marina siempre recibió buenos halagos por parte de las máximas autoridades, gracias a su entrega, entereza y solidaridad con los más necesitados. No bastó una enfermedad leve para socorrer a todos los afectados por la inundación, como tampoco se dio por vencido en su tarea de recuperar los buques deteriorados. La Escuela Naval lo describe como un hombre incorruptible y de grandes ideales en el mundo marítimo.

El estudiante de Derecho y abogado

Dejando atrás su vida como Teniente y Capitán, es preciso resaltar 1870 como el año de mayor interés de Arturo Prat en ser abogado y emprender un camino hacia las humanidades en el Liceo de Valparaíso. Al principio no fue tan sencillo como vislumbró, en dedicar tiempo a la marina y la abogacía. En 1871 recibió el título de bachiller en humanidades y filosofía. Este es un requisito fundamental para cualquier persona con aspiraciones de ser abogado e ingresar a la universidad en forma directa.

Su examen de ingreso representó un gran reto en su vida personal, porque uno de los ilustres a evaluar fue el historiador Diego Barros Arana, por lo que su compromiso de aprobar se hizo mayor.

Todo salió con éxito para el Capitán de la marina, siendo 1872 el año de inicio en su carrera en la Facultad de Derecho, en la Universidad de Chile. Gran parte de su tiempo invertido lo dedicó en estudiar desde “Esmeralda” mientras permaneció un periodo en Mejillones. Cuando retornó a Valparaíso, solicitó una nueva evaluación para detallar su progreso en la carrera. Desde luego, este examen también lo aprobó con una calificación excepcional.

En 1875 realizó su primera práctica de abogacía, como una especie de pasantías como se conoce en la actualidad. Este es un parámetro establecido y obligatorio para los estudiantes de aquella época para hacerse acreedores del título.

Un año después estaba casi a punto de licenciarse, con la aprobación de todas sus prácticas. Nada esto fue posible sin obtener luz verde en derecho romano y en la Memoria de grado. Su trabajo constó de llevar el titular “Observaciones a la Lei Electoral Vijente» en el periodo presidencial de Federico Errázuris.

Prat estuvo de acuerdo con que la ley electoral vigente de este periodo presidencial significaba un avance en cuanto su gestión, sin embargo, gracias a su análisis riguroso también reflejaba diversas contradicciones o había ideas poco claras sobre cuáles son los objetivos de este decreto promulgado en gaceta. De ella rescata que efectivamente es una ley liberal, pero a su vez define una dicotomía en que necesita de varias reformas para pulir los pequeños detalles que no tuvieron la interpretación correcta.

La libertad de expresión y el derecho al sufragio sin presión es en lo que Arturo Prat hizo mayor énfasis durante el análisis. Su trabajo fue recibido con gran entusiasmo por sus tutores, al constatar que la ley en época Errázuris necesitaba de cambios significativos para aclarar algunos puntos o cláusulas que no correspondían a su labor o faltaba por añadir algunos agregados para perfeccionarla.

El 31 de julio presentó otro examen importante, esta vez frente a los Ministros de la Corte Suprema de Justicia, un escalón de mayor exigencia para el Capitán y su-director de “Esmeralda”. Ese mismo día se enteró que el Tribunal no iba a atender a aspirantes al título, ni tampoco harían el examen a ningún otro alumno.

Este hecho despertó ese ser bravucón infantil de Prat, para inmediatamente presentar la queja en la Secretaría de la Corte. De allí salió aconsejado de solicitar una audiencia para hablar de su problema con el Presidente de la Corte en directo.

Sin problema alguno, el Presidente de la Corte llegó a un acuerdo con Arturo Prat sobre la fecha para presentar su examen. Al mismo tiempo, explicó que tarde o temprano debía volver a la actividad marina, por cumplirse el límite del tiempo sabático que solicitó para dar prioridad a su carrera. Sin vacilar, su caso fue aceptado por unanimidad de todos los miembros, gracias a la buena disposición de Prat y la conciencia del jurado en estar ante un alumno ejemplar como él.

El día del examen fue uno de los más significativos para Arturo Prat, quien despertó la atención del jurado por su vestimenta elegante, acorde a la ocasión: un uniforme de parada, con una espada de medio lado. Lo más llamativo para la Corte de Justicia es dilucidar a un marinero que tenía sueños por ser abogado. Muchos quedaron asombrados al comprender que el tiempo de un marinero es vital, pero compartió sus créditos para ejercer la abogacía; un hecho que despertó la admiración unánime, hasta del propio Presidente por su perseverancia.

Para todos quienes estuvieron allí en plena evaluación de Arturo Prat, significó un momento solemne en que pocas veces se dio una situación de esa magnitud. Un marino de renombre con aspiraciones de ser abogado, de gran sencillez y experiencia, conmovió a todo el jurado que, sorprendidos, atendieron con cautela el examen de rigor. Prat quiso impresionarlos a todos con su mejor indumentaria, para causar una grata impresión, pero tampoco quiso lucir estrafalario.

Tuvo problemas cuando entró al recinto, interceptado por el portero, quien ordenó a Arturo Prat despojarse de la espada y quitarse el uniforme para presentarse con ropa más acorde al momento del examen o con indumentaria formal. Lo único que hizo fue entregar su espada que, pocas veces, lo hace en manos desconocidas por señalización de la Corte. De este modo, solo quedó vestido como el Capitán de Corbeta, sin su espada, pero con mucho ánimo para enfrentar al jurado calificador.

Fue el mejor examen de la jornada, un tanto atípica la ceremonia, pero aprobado por unanimidad del jurado. El Señor Infante, Secretario de Corte, dispuso de sus felicitaciones sinceras para Prat, por su dedicación en el estudio de las leyes. Sin duda, la competencia de su examen fue más que admirable, ante los ojos del comité.

Demostró grandes habilidades en la defensa, por lo que desenmascaró los manejos arbitrarios de José Anacleto Goñi y del Ministro Plenipotenciario de Chile. El Consejo de Guerra condenó a este último a seis meses de prisión, dándole la razón al ahora abogado Arturo Prat.

Por primera vez desde su fundación, la Escuela Naval que formó con compromiso a Arturo Prat cerró sus puertas. Sin embargo, él fue conferido como asistente en la gobernación marítima de Valparaíso, situando su profesión de Derecho en la Plaza de Justicia. Este hecho le permitió tener cierta comodidad en ofrecer ayuda a sus clientes de derecho, sin descuidar sus deberes como capitán de corbeta o solucionar conflictos náuticos.

La Cámara de Diputados el proyecto de Ley de Navegación, en diciembre de ese mismo año acudió ante Prat para que él mismo analizara este trabajo, con el objetivo de recibir un apoyo extra para considerar que las leyes serían en pro de un colectivo o habría que reformarla. Varios meses transcurrieron hasta que el abogado ofreciera un veredicto final al respecto, con algunos comentarios constructivos y otros puntos a favor. 152 es el número oficial de artículos, que en su mayoría fueron aprobados por Prat y publicados el 24 de julio de 1878.

Sin ser abogado, ya había defendido a clientes como Ricardo Owen, quien se acercó hasta Prat para asistirlo en un caso de desobediencia que cometió. Hizo exactamente lo mismo con su mejor amigo y compañero de litera por muchos años, Luis Uribe, por desobedecer a las máximas autoridades y rebeldía naval.

En la muerte de Manuel Blanco Escalada en 1876, Arturo Prat fue uno de los oradores más recordados, al leer uno de los discursos más emblemáticos de su funeral. Allí dejó en claro que el Derecho daría sus buenos frutos en el futuro.

Noviazgo y matrimonio

En una de la tantas reuniones que sostuvo Don Pedro Chacón en su quinta, Arturo Prat conoce a Carmela Carvajal Briones, quien asistía una o dos veces a la semana a esta residencia junto a su familia, para contar anécdota o saber de sus proyectos a futuro. Varios momentos agradables vivió Prat en aquel lugar, para despojarse un poco de las situaciones marítimas que en diversos momentos absorbierom.

Aparentemente la química a primera vista fue notable, permaneciendo juntos en toda la reunión para conocerse un poco más. Más adelante, en uno de sus viajes luctuosos para repatriar los restos de O´Higgins, Prat regresó con muchos regalos para ser entregados en manos de Carmela, con motivo de cortejarla paulatinamente hasta obtener un si para comenzar la relación.

Aunque la relación siempre mantuvo una túnica discreta, cada vez los presentes de Prat para su fémina se hizo evidente. Tarjeteros, joyas y hasta una cruz de plata representaron los motivos por los cuales él quería una unión lo suficientemente sólida para constituir un matrimonio. A Arturo Prat le molestaba que terceras personas hablaran de su noviazgo a sus espaldas o efectuaran comentarios malintencionados en función de su carácter explosivo desarrollado desde su niñez.

Otro problema que condujo a un retraso en el si definitivo de la relación es el poco ingreso económico que obtenía Prat como Teniente Segundo, además de sortear con gran timidez al momento de interactuar con Carmela. Al momento de ascender como Capitán de Corbeta, si presentó el sustento indispensable para contraer matrimonio con su amada sin pensar en los gastos adicionales. Del mismo modo, escribió una única carta a su nombre, que empieza así:

«Mi Carmela, mi vida, mi tesoro, tengo que decirte, incluso el que te adoro cada día con más vehemencia, no lo hago ahora porque temo empeorarme. Recibe el corazón apasionado de tu Arturo».

Francisco Salas Portales, en la Parroquia del Espíritu Santo, bendijo en unión nupcial a la pareja, el 5 de mayo de 1873, con bastante público asistente para observar cómo el Capitán de Corbeta de mayor proyección consolidó su amor con Carmela. La luna de miel duró poco tiempo, por los oficios navales que Prat debía cumplir, pese a solicitar un tiempo previo para disfrutar de su nuevo amor.

Cabe mencionar que la relación con su esposa fue bastante armónica, sin caer en el clásico machismo de la época decimonónica. Carmela tenía su propio empleo, mientras que Prat en sus ratos libres se encargó de la casa y su mantenimiento higiénico. El éxito de la misma condujo a procrear tres hijos.

Hijos

La familia Prat Carvajal empezó a tomar forma con el nacimiento de su hija primogénita: Carmela de la Concepción el 5 de marzo de 1874. Los viejos fantasmas regresan con las generaciones posteriores, porque la niña heredó el mismo semblante triste y desorbitado de su padre, en virtud por un malogro al momento de cortar el cordón umbilical.  Síntomas como diarrea y fiebre al momento del parto condujo a un pequeño despropósito en las actividades maternales, ello complicó un nacimiento óptimo de la niña.

Prat aconsejó de utilizar el mismo método que su madre utilizó con él para que la niña recuperara la salud. En otra de sus cartas pidió con vehemencia el cuidado de la niña, para que en su regreso la halle en mejor estado físico.

Lamentablemente la misma técnica que recibió Arturo Prat de pequeño no funcionó con su hija. Los padres se mostraron desesperados evaluando la opción de perder a su hija por el rechazo de esta técnica. La angustia mayor llega al alma de Prat cuando se encuentra lejos de su familia, sin opciones de contribuir un poco, solamente con apoyo moral que necesitaba su esposa para afrontar el difícil trance en la curación de su hija. Cuando navegó en «Abtao» le imploro con solemnidad cuidar de su bebé para cuando retorne a su casa.

La niña falleció el 5 de diciembre de ese año, sin capacidades de lucha, ni rastro de sobrevivir. Este duro golpe embargó el corazón de dolor en los padres. Carmela Carvajal redacta un manuscrito dedicado a Prat para explicar el triste panorama:

«Arturo de mi corazón: nuestro querido angelito sigue mal; siento que mi corazón desfallece de dolor y tú no estás para sostenerme… Si te fuera posible venirte, sería mi único consuelo. No desesperes mi bien, piensa en tu infeliz Carmela».

El retraso en su regreso empeoró su estado de ánimo, apenas recibiendo el sentido pésame de sus allegados o colegas de embarcación. La pérdida para los padres fue irreparable, aunque nuevas alegrías llegarían más adelante con otros hijos que si crecieron con un estado de salud envidiable.

Como terapia, Prat escribió varias cartas para desahogar todo el dolor contenido mediante la pérdida de Carmela de la Concepción. Su único consuelo se basó en estar con su esposa para apoyarla en su dolor. En esa carta escribió la fecha exacta y la hora en que pereció la criatura, dejando un vacío imborrable en aquel padre con el alma destrozada:

«El 5 de diciembre, a las 1 horas 3 minutos de la noche, murió mi hija Carmela de la Concepción. Esta carta es la destinada a anunciármelo, la amargura que revela debiera habérmelo hecho comprender, pero tan dulce es la esperanza»

Capitán de Fragata  

La delimitación entre Chile y Argentina despertó suspicacia en los gobiernos de ambos países. La intención del segundo país es conquistar la Patagonia y ejercer su soberanía, mientras que la entidad afectada no quiso dar su brazo a torcer para proteger su territorio. Es necesario resaltar que la Patagonia siempre ha pertenecido a Chile y su historia así lo constata, pero las autoridades argentinas pretendían hacerse del Río Santa Cruz, ubicado allí.

Todo indicó que la guerra entre ambos países sería un hecho, en la querella por quedarse con esas tierras. El Presidente de la República, Anibal Pinto, envió un comunicado a las principales autoridades náuticas para enviar a un marino encubierto, con gran sentido de discreción para averiguar cuáles son los planes enemigos y estar atentos ante el primer golpe. El elegido fue Arturo Prat, por su amplia experiencia en el ramo, a sabiendas de lo delicada que sería esta misión y lo que está en juego.

Su viaje a Montevideo sería de gran apoyo para los entes gubernamentales chilenos, porque allí los argentinos discuten todos sus proyectos ante los ministros de Uruguay. El lado atacante envió varios telegramas avisando de un pronto ataque, para que preparasen su mejor armamento en defensa de la Patagonia.

El 18 de noviembre de 1878, Prat llega a Montevideo escondiendo su profesión de Capitán para presentarse como abogado y escritor. Se alojó en el Hotel de La Paz, para darse la oportunidad de conocer Buenos Aires en oportunidades reiteradas. Gracias a sus salidas exploratorias, tuvo el agrado de conocer al Presidente de ese tiempo, Nicolás Avellaneda.

El informe que preparó Prat sobre todos los planes del bando enemigo fue bastante claro. Las autoridades chilenas reconocieron el buen trabajo del Capitán, pues tuvieron una idea concreta de cómo proceder si el gobierno de Argentina insistía en conquistar la Patagonia. Esto no quiere decir que Arturo Prat estaba conforme, porque presentó inconformidad e incomodidad con lo que estaba haciendo, por lo que su regreso fue de improviso a Valparaíso.

Para no quedar con una mala imagen frente a sus colegas chilenos, devolvió todo el dinero utilizado en el viaje, resolviendo cada uno de los gastos por turismo y alimentos.

Un par de meses antes de cumplir con esta compleja misión, Prat escribió una carta a Benjamín Franklin para agradecer la oportunidad de dictar clases en su institución nocturna. Moral y Lecciones de Naturaleza son algunas de las cátedras que en algún momento dictó para este colegio. A continuación, un pequeño párrafo de esta carta enviada a Franklin:

“Tengo el agrado de acusar recibo de su estimable nota de 4 de junio último, en la que, a nombre del directorio que usted preside, me comunica haber sido aceptada, con agradecimiento, la oferta que, por medio de su secretario, le hice, para llevar algunas clases en la Escuela Nocturna para adultos Benjamín Franklin, que se trata de establecer”

Lo que quiso Prat con esta carta es la aceptación de este colegio, pero además probarse a sí mismo como un ilustre abogado que aplicaría sus propios métodos de enseñanza, para fomentar a los alumnos elegir la carrera de derecho, convencerlos que descubrir el mundo de las leyes es extraordinario y que el mundo necesita de más abogados para el porvenir de una nación.

Prat aprendió a ser agradecido con todas las puertas abiertas que otras personas ofrecía para crecer en el sentido académico, iniciando con la Escuela Naval hasta realizar una pasantía en el colegio de Franklin. Al poco tiempo tuvo que zarpar hacia la zona norte con destino a Antofagasta, el 14 de febrero. Tal lugar fue tomado por las tropas chilenas con el fin de salvaguardar algunas provisiones que estaban en peligro por las autoridades de Bolivia.

Acto seguido, estalla la Guerra del Pacífico por la toma de Antofagasta, pues el gobierno boliviano respondió rápidamente a este ataque para defender sus propios intereses. Arturo Prat no estuvo presente en este acontecimiento histórico, porque apenas volvía de Montevideo, completando con su misión expiatoria. Todos los cargos que pudo afrontar el Capitán de Corbeta y ahora abogado, fueron suplidos por otros integrantes de la antigua Escuela Naval.

Sin tener un cupo para participar en el conflicto bélico, Prat recibió un cargo de carácter administrativo, el cual no fue de su agrado. Llegó a considerar que tuvo mala suerte en cuanto a los tiempos de llegada y la marcha de sus compañeros, sin coincidir bajo ninguna circunstancia. Prat fue enfático en estar presente en batallas que traten de luchar por lo suyo, el honor de la patria. El hecho de estar lejos de este evento lo dejó marcado y malhumorado.

Este disgusto transitorio condujo a Arturo Prat despojarse por varios días de su uniforme naval para dar crédito a su oficio de abogado. El deseo por no pensar demasiado en la Guerra duró relativamente poco, pues Rafael Sotomayor envió un comunicado a las autoridades principales, indicando que requiere con carácter de urgencia a otro asistente que colabore en la querella. Prat como ya tenía experiencia en asuntos prácticos y administrativos fue el elegido para zarpar hasta Antofagasta de inmediato.

El 29 de marzo es la fecha de partida hasta su destino, al llegar el 2 de abril en un viaje de escala a Caldera. Posteriormente viajaron en “Blanca Escalada” hasta Iquique, con la orden de bloquear este territorio a los buques de procedencia peruana que estaban por llegar. El día 5 de abril ya la guerra tomó un color bastante peliagudo, sin tregua alguna, sin opciones de mediar palabras. Prat estaba dispuesto a luchar por su patria y por ello desenvainó su espada para dar lo mejor de sí para la protección del patrimonio chileno, su país.

Como pudo, Prat se coló en medio del enfrentamiento para hacer una serie de preguntas a quienes estaban ajenos del conflicto. La primera interrogante es sobre dónde quedaba la casa del Prefecto, el Sr. Dávila. Ya conociendo la dirección y con una multitud que lo rodeaba, unos disputando en lucha y otros por curiosidad, al conocer a Arturo Prat con nombre propio, acompañaron al hombre hasta la llegada de esta residencia. El Prefecto recibió a Prat con gentileza, pero al mismo tiempo con el nerviosismo dibujado en su rostro.

La presencia de Prat intimidó a tal punto al Prefecto que no pudo tan siquiera abrir la puerta de su despacho, el mismo Arturo tuvo que hacerlo por gentileza.

En ese instante se entera por el mismo Capitán que Iquique le sería bloqueada a todos los buques provenientes de Perú, por lo que tampoco fue de su agrado, enviando una epístola de su queja con Prat. El hombre como respuesta de este manuscrito, redacta un oficio dirigido al Cuerpo Consular, para dejar manifestada la actitud rudimentaria que las autoridades peruanas tenían con Chile, siendo participes de tales roces.

Quienes estaban dispuestos a permanecer en Iquique, debían ser ciudadanos con su respectivo pasaporte, para sí estipular que su procedencia en el lugar es completamente lícito. Antes de partir de la casa del Prefecto, este ofrece un escolta a Prat para que le proteja en su regreso, por la muchedumbre en las cercanías de su casa que quisieran lastimarlo en el camino, a lo que Prat niega rotundamente la falta de alguno para cuidar sus espaldas.

El tiempo le dio la razón, gracias a que su regreso lo afrontó sin ningún tipo de contratiempos; a duras penas los luchadores percataron su presencia y continuaron en lo suyo sin insultarlo.

Una vez en Antofagasta, recuerda los buenos tiempos que vivió en “Covadonga” de la que estaría a cargo para participar en el conflicto. Tal buque debió transportar a Iquique. Un aspecto importante es la recuperación plena de la misma, a raíz del huracán que azotó a Valparaíso algunos años atrás. Rafael Sotomayor y Williams Rebolledo estuvieron interesados en comprar la goleta “Amazonas”, con Prat como intermediario para realizar la transacción.

Terminada una misión más con éxito en Santiago, en mayo regresa en “Covadonga” para otro mantenimiento general en su estructura. “Abtao” comandada por Condell y “Covadonga” por Prat zarparon con dirección a Iquique. En este viaje, ambos personajes percataron que el Escuadrón prepararon una marcha sorpresa hacia al Callao, con la meta de atacar al ejército peruano sin oportunidad de réplica, o atacar de forma frontal en su contra.

Williams Rebolledo al analizar la conspiración en su contra, hizo cambios drásticos en el manejo de las naves, designando a Manuel Thompson como el encargado de “Abtao”, quien con anticipación comandaba a “Esmeralda”.

El héroe y su legado

El 16 de mayo, todos los buques aliados partieron al Callao para sorprender a todos los peruanos que intentaron un golpe bajo frente a las intenciones chilenas. La casualidad fomentó para que “Huáscar”, “Independencia” y “Oroya” partieran ese mismo día con objetivo de llegar a Arica con municiones, alimentos y dispensas para contribuir en una futura pelea; lo curioso del caso es que ambos bandos estuvieron bastante cerca y no notaron su presencia en los buques.

Miguel Grau Seminario, el Director de la División Naval Peruana, recibió la notificación que dos buques oriundos de Chile bloquearon el paso por Iquique desde hace varios días atrás.

El informante dio cuenta que con “Huáscar” sería suficiente para derrotarlos, gracias a la inferioridad en números de pasajeros a bordo que esperan en Iquique cualquier ataque.

De forma rápida trazó un plan para derribar las naves enemigas y encima apropiarse de ellas y su convoy.  Incluso, pensó en adueñarse de su tripulación, sus armas y provisiones que escondieron en su interior.

Por si fuera poco, planificaron destruir el generador de agua en Antofagasta para dejar sin el vital líquido a los ciudadanos chilenos que esperaban con ansias la llegada de un buque peruano para atacar.

El 21 de mayo de 1879, al despejarse el cielo en pleno amanecer de todos los nubarrones nocturnos, el vigía de “Covadonga” con un tono alarmante informa sobre la presencia de dos buques peruanos que están cada vez más cerca de ellos.

En primera instancia pensaron que se trataba de otras escuadras chilenas que sumarían al bloqueo, pero al distinguir el mástil y otros rasgos ajenos a las embarcaciones chilenas, dieron cuenta que correspondían a “Huáscar” e “independencia” listos para cumplir la misión conferida por Grau Seminario.

Condell, inmediatamente de reconocer a las tropas enemigas, envía un comunicado a “Esmeralda” para anclar en el puerto y estar prevenidos ante cualquier situación irregular que se presente.

Si bien en este post no habrá mayor información acerca de todo lo ocurrido en el combate, si es necesario resaltar la labor heroica que sostuvo Arturo Prat hasta sus últimos momentos de vida.

A Prat no le importó la desigualdad de número que favoreció a los peruanos, pues igual dio frente a esta lucha con la misma valentía de otras peleas intensas. Dio el ejemplo incansable y de no bajar la cabeza si el bando contrario tenía ventaja.

Su muerte tuvo lugar en plena cubierta de “Huáscar” dejando en claro su valentía para presentarse en las inmediaciones de los buques enemigos sin el menor reparo.

La mayoría de los chilenos todavía cuestionan los motivos de esta guerra sin necesidad de ser, pues Chile y Perú tienen las suficientes porciones de tierra para destacar en su sector económico.

En la actualidad es un gran símbolo chileno, que representa el sacrificio y entrega por su nación. Su fallecimiento no fue en vano, porque las autoridades del país lograron apaciguar las intenciones de los buques peruanos.

En tal país recuerdan a Prat como ese ser valeroso que dio el todo por sus intereses, supo evaluar muy bien las leyes para que todo encaminase de acuerdo a régimen liberal que apoye a todos sus ciudadanos. Es Arturo Prat uno de los capitanes de corbeta más recordados por las generaciones posteriores.