Te invitamos a conocer en el siguiente artículo todo lo relacionado con la vida y obra de Augusto Comte, descrito como el iniciador del positivismo y de la sociología científica. Aprende más de su vida a través de la Biografía de Augusto Comte.

BIOGRAFÍA DE AUGUSTO COMTE

Biografía de Augusto Comte

En nuestro artículo de hoy conocerás más acerca de la vida y obra de uno de los personajes intelectuales más reconocidos del mundo como lo fue Augusto Comte, nacido en la década de 1798. En la Biografía de Augusto Comte se le identifica como el iniciador del positivismo, además de ser uno de los primeros promotores de la sociología científica.

El centro de gravedad de su modelo es la ley de los tres estadios, formulada ya en las obras de juventud. A través de ella, Augusto Comte hace ciertas críticas a la religión y a la metafísica, y la declaración de su positivismo. Dicha postura teórica es, curiosamente, una “filosofía anti filosófica”, que considera conocimiento auténtico sólo el aprendizaje científico-experimental, declarando vana e inútil la pretensión sapiencial de la filosofía.

Vida y obra

En esta parte de nuestro artículo destacaremos ciertos detalles relacionados con la Biografía de Augusto Comte. Ésta emblemática figura de la sociología científica nació en una zona conocida como Montpellier un 19 de enero del año 1798 de acuerdo a los registros oficiales. Su nacimiento ocurrió en el seno de una familia practicante mayoritariamente del catolicismo y monárquica, tal y como lo aseguró el propio Comte en el Prefacio personal al Cours de Philosophie positive.

Desde niño, Augusto Comte fue formado con valores religiosos, sin embargo cuando cumplió sus catorce años de edad, tomó la decisión de apartarse del camino de la fe inculcado por su familia, llegando a declararse como librepensador y republicano; una actitud que sorprendió a todos los miembros de la familia por ser contraria a la educación que le habían dado al joven Augusto Comte.

En la Biografía de Augusto Comte también se destaca su paso por el centro educativo l’Ècole Polytechnique con sede en la ciudad de París, institución a la que ingresó en la década de 1814. Para ese tiempo se trataba de uno de los mejores centros educativos impulsados en Revolución y en sus espacios se formaban a los técnicos del nuevo régimen.

Desde su entrada a dicha institución, Augusto Comte destacó por su brillante capacidad y talento, lo que le permitió comenzar con la lectura de algunas obras de Fontenelle, Maupertuis, A. Smith, Duclos, Diderot, Hume, Condorcet, De Maistre, De Bonald, Bichat y Gall, que fueron aumentando en él sus pensamientos acerca de una reforma social dirigida a una sociedad dominada por científicos.

BIOGRAFÍA DE AUGUSTO COMTE

El institut l’Ècole Polytechnique de París se vio obligado a cerrar sus puertas debido a sus ideas republicanas, lo que llevó a Augusto Comte a tener que regresar por un lapso de tiempo a Montpellier, en donde comenzó a realizar diferentes actividades para poder sobrevivir económicamente. Ofreció clases de matemáticas y al mismo tiempo cursaba anatomía y fisiología en la facultad de Medicina.

Años más tarde, según expresa la Biografía de Augusto Comte, el emblemático personaje científico decide mudarse definitivamente a la ciudad de París, representando un acto de desobediencia hacia sus padres quienes no compartían esa misma decisión. Estando viviendo en París conoce al líder socialista Saint-Simon, quien recordemos era discípulo de D´Alembert, que trabajaba en el proyecto de reorganizar la sociedad por medio de la ciencia y de la técnica.

Fue durante ese periodo de tiempo cuando Augusto Comte se percata de la gran carencia que había en cuanto a un restablecimiento  moral e intelectual de la sociedad y empezó a ayudar a D’Alembert trabajando como su secretario desde el año 1817 hasta la década de 1824. En ese lapso, específicamente en 1822, Comte redacta por petición de Saint-Simon el “Plan des travaux scientifiques nécessaires pour réorganiser la société” (obra que se editó de nuevo con el título de Système de politique positive, y en la que sostiene la unidad indisoluble de ciencia y política).

La Biografía de Augusto Comte señala que luego de dicha publicación, en el año 1824, el joven decide alejarse de Saint-Simon para comenzar una nueva etapa como independiente. Fue en ese año cuando Comte empieza a dar lecciones en su casa a un grupo de discípulos. Entre sus estudiantes destacaron muchos personajes emblemáticos como: el naturalista Alexander von Humboldt, el matemático Poinsot y el fisiólogo Blainville.

Como resultado de esos encuentros surgió uno de sus más emblemáticas y conocidas obras de Augusto Comte como lo fue “Cours de Philosophie positive” (1830-1842), que comprende seis volúmenes. En la Biografía de Augusto Comte también se hace mención a la vida personal del científico, especialmente su unión sentimental con Corline Massine.

De acuerdo lo que indica la Biografía de Augusto Comte, su matrimonio con Carolina Massine se llevó a cabo en la década de 1825 y un año más tarde, apenas salió a la luz su emblemática obra “Considérations sur le pouvoir spirituel”, empezó a mostrar los primeros indicios de trastorno mental, por lo que se vio obligado a ser internado en un manicomio por alrededor de un año.

BIOGRAFÍA DE AUGUSTO COMTE

Después de haber permanecido en el manicomio por un año, Augusto Comte sale del centro médico con el diagnóstico de “no curado”. Las recaídas y la estrechez económica empezaron a formar parte de su vida, hasta el final de sus días en la tierra. En el año 1840, Comte es afectado por una fuerte crisis que lo llevó a separarse de su amada esposa en 1842.

Luego de separarse sentimentalmente de quién era su esposa, Augusto Comte empieza a enfrentar una etapa de problemas mentales, considerándose el mesías de una misión social. Para ese tiempo, él sobrevivía humildemente en su condición de profesor auxiliar de L’École Polytechnique, sin conseguir que le nombraron catedrático en la misma Escuela, ni le dieran la cátedra de Historia de las ciencias en el Collège de France.

En la década de 1845, dice la Biografía de Augusto Comte, que el joven conoce a Clotilde de Vaux, quién vivía separada de su esposo, y que falleció un año más tarde. Haber conocido a dicha mujer hizo que se despertara en Comte una nueva etapa de su pensamiento.

Recordemos que en la primera etapa (Desde 1830 hasta 1845), Augusto Comte intentó levantar una filosofía positiva, sin embargo en ésta segunda etapa se enfocó principalmente en llevar a cabo la idea de una nueva religión, conocida como la religión de la Humanidad, trabajando arduamente por lograr una estructura parecida a la de una verdadera Iglesia.

De acuerdo a la opinión de muchos investigadores, el regreso de Augusto Comte a las corrientes religiosas fue gracias, en parte, a la extravagancia de la pasión que sentía él por Clotilde de Vaux. No obstante, la opinión más común indica continuidad entre los dos periodos y un reafirmarse de sus doctrinas sobre la ciencia y la sociología positiva.

Según la propia opinión de Augusto Comte, la religión que construyó en los últimos años de su paso por este mundo resultada un factor que guardaba dentro del corazón del positivismo desde los inicios. No tiene nada que ver con la corriente del cristianismo, sino de la fuerza emotiva del carácter religioso en particular.

«Cuando no se ha comprendido la relación necesaria entre la base filosófica y la construcción religiosa, las dos partes de mi carrera parecen discurrir en direcciones diferentes. Es, pues, conveniente hacer comprender que la segunda se limita a realizar el destino preparado por la primera.

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Este apéndice debe inspirar espontáneamente una tal convicción al constatar que desde mi inicio he intentado fundar el nuevo poder espiritual que ahora instituyó. El conjunto de mis primeros ensayos me condujeron a reconocer que esta operación social exigía en primer lugar un trabajo intelectual.

Sin el que no se podía establecer sólidamente la doctrina, destinada a poner término a la revolución occidental.  He aquí por qué consagre la primera mitad de mi carrera a construir, a partir de los resultados científicos, una filosofía verdaderamente positiva, única base posible de la religión universal» [Oeuvres, t. X, Apéndice general, pp. I-II].

En el año 1848 detonó la revolución y Augusto Comte decide unirse a las filas de los revolucionarios, encontrando en éste tipo de clase, la sociedad que él esperaba, sin embargo la desilusión en él fue muy rápida, tanto así que en 1852 se alió a Napoleón III que, con un golpe de estado, había instaurado el segundo imperio.

La etapa conclusiva del pensamiento de Augusto Comte se encuentra reflejada en el Discours sur l’ensemble du positivisme, de 1848 y, sobre todo, en el Système de politique positive ou Traité de sociologie instituant la religion de l’Humanité (1851-1854), en cuatro ediciones, que regresa el título de su primera obra. Precisamente de ese último periodo también son las obras:

  • Catéchisme positiviste ou Sommaire exposition de la religion universelle(1852)
  • Appel aux conservateurs(1855)
  • Traité de philosophie mathématique(1856)

Esta es la primera edición de las tres que deberían construir la obra llamada “Synthèse subjective ou Système universel des conceptions propres à l’état normal de l’Humanité (1856)”. Fue en esta obra donde Augusto Comte relaciona las matemáticas con el sentimiento religioso, llegando a asignar propiedades taumatúrgicas a los números, y establece una trinidad positiva.

Los siguientes dos volúmenes, los cuales nunca fueron publicados, Augusto Comte tenía pensado enfocarse especialmente en la Moral positiva y hacer mención a la Industria positiva. Por esos tiempos, y para solventar su complicada situación financiera, solicitó al sus más allegados compañeros positivistas ingleses y franceses un apoyo económico anual fijo a cambio de las lecciones que les daba.

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Gracias a esos aportes pudo sobrevivir hasta el 5 de septiembre de 1857, año en la que queda registrada su muerte. Su voluminosa correspondencia se publicó póstuma. Es importante señalar que a lo largo de la historia se han realizado diversas consideraciones referentes a la incidencia que tuvieron en su filosofía las crisis que enfrentó.

No se puede poner en duda que Augusto Comte tuvo una vida de altos y bajos, donde experimentó de cerca episodios de desequilibrio psíquico, y no es sencillo distinguir el impacto que la patología tuvo en su manera de pensar.

La filosofía positiva

Antes de comprender el pensamiento impulsado por Augusto Comte, resulta prudente conocer  todo el contexto histórico-cultural vivido durante su época, y especialmente, sus metas socio-políticas.

«Toda la doctrina de Comte y, en especial, su doctrina científica, únicamente resultan comprensibles como parte de sus proyectos de reforma universal, que no sólo abarcan la ciencia sino los demás sectores de la vida humana» [Kolakowski 1984]

Augusto Comte, antes de fundar el positivismo, tuvo que enfrentar duros momentos en la historia, entre ellos, la etapa después de la revolución francesa, tiempo durante el cual Francia y gran parte del continente europeo tenían la mirada puesta en conseguir una organización política sólida. La doctrina de Augusto Comte también surge del intento de reorganizar el orden social de su tiempo.

En la Biografía de Augusto Comte se destaca cómo era la manera de pensar que tenía el personaje para esa época. Según lo que se comenta, él creía que la crisis política y moral que enfrentaba la sociedad no era más que la manifestación exterior del estado de anarquía intelectual.

Partiendo de allí, Augusto Comte esperaba que con la expansión del conocimiento científico, la instrucción popular en las ciencias y la riqueza, se alcanzaría una sociedad pacífica. Fue a partir de ese momento que Comte decide comenzar la labor de construir la unidad del conocimiento, colocando como fundamento la ciencia.

El pensamiento positivo planteado por Augusto Comte en el siglo XIX, se presentaba con una mejor estructura y más completa que el iluminismo del siglo XVIII. La propuesta impulsada por Comte contaba con el punto a favor de poder referirse a un complejo de ciencias más avanzadas.

Justamente el amplio desarrollo del conocimiento científico, que tuvo lugar en el XIX, ofreció al positivismo la impresión de que la ciencia podría abrazar de forma exhaustiva y definitiva todo aspecto de la realidad, tanto natural como humana, sustituyendo a cualquier otra forma de conocimiento.

Cada una de las ventajas que presentaba la corriente positiva de Augusto Comte sirvieron para causar el humus en el que se genera definitivamente la doctrina positiva de Comte. Podría asegurar que el entorno del que arranca Comte es principalmente el enciclopédico, con su exhaustivo análisis de la ciencia, y sus constantes cambios históricos, junto a las preocupaciones sociales de principios del siglo XIX, ya latentes en los filósofos ilustrados.

En el pensamiento de Augusto Comte influyó la doctrina de algunos filósofos de la talla de D´Alembert, Montesquieu, Turgot y Condorcet. Además, en cuanto a la crítica de la metafísica, no queda duda de que Comte se basa en el empirismo de Hume, al que describe en el Catéchisme positiviste como su principal promotor en filosofía. Y, de modo más inmediato, en lo que respecta a sus ideas científicas y sociales, depende de Saint-Simon.

La ley de los tres estadios, núcleo de la filosofía comtiana

Es importante destacar que la doctrina impulsada por Augusto Comte se encuentra basada principalmente en la llamada ley de los tres estadios del pensamiento, descritas ya en las obras de juventud. De acuerdo a lo expresado por el propio Comte, su hallazgo más importante fue esta “ley fundamental” del progreso científico, cultural y social, que describe también la evolución del pensamiento humano individual.

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A través de mencionada ley, Augusto Comte expresa su crítica a la religión y a la metafísica, además de la publicación de su positivismo. Como resultado de esta ley plantea un diferente sistema de las ciencias.

Exposición e interpretación comtiana

De acuerdo a lo pensado por Augusto Comte, el individuo y la historia humana solo pueden alcanzar el punto deseado del conocimiento por medio de una evolución lenta que sigue, de forma  indispensable, la misma ley.

«Estudiando el desarrollo total de la inteligencia humana, en sus diversas esferas de actividad, desde su primera manifestación más simple hasta nuestros días, creo haber descubierto una gran ley fundamental, a la que se halla sometida, por una necesidad invariable, y que, me parece, puede establecerse con pruebas racionales y también por medio de la verificación histórica».

La Biografía de Augusto Comte también describe brevemente los grandes momentos de esta ley:

«Esta ley consiste en que cada una de nuestras concepciones principales, cada rama de nuestros conocimientos, pasa sucesivamente por tres estadios teóricos diferentes: el estado teológico o ficticio; el estado metafísico o abstracto; el estado científico o positivo (…)

De ahí resultan tres clases de filosofía o de sistemas generales de concepciones sobre el conjunto de los fenómenos, que se excluyen mutuamente: la primera es el punto de partida necesario de la inteligencia humana; la tercera, su estado fijo y definitivo; la segunda sólo está destinada a servir de transición» [Curso de Filosofía positiva, lec. 1].

El estadio teológico

En el inicio de la historia de la creación, el individuo se mostraba sorprendido ante los embates de la Naturaleza. Con la intención de descubrir y conocer la naturaleza de los seres y las causas de los eventos, llenó de temor y sorpresa, Comte los atribuyó a la voluntad de seres sobrehumanos (dioses, espíritus buenos y malos que pueblan el universo y lo manejan por completo).

El hombre primitivo consideró que los sucesos naturales ocurridos a agentes sobrenaturales, cuya intervención arbitraria explicaría todas las aparentes anomalías del universo. De allí la urgencia de apelar a la magia, oraciones y sacrificios, para someter esas fuerzas y obtener la curación de enfermedades, la lluvia y, en definitiva, todos los beneficios temporales.

De acuerdo a lo que creía Augusto Comte, todo lo que alcanzaba en su momento mediante la ciencia en la época primitiva lo hacía con elementos vinculados a la religión. Su primer intento, a partir de motivos más bien fantasiosos, permitió el surgimiento de las diferentes mitologías, teogonías y teologías en las cuales, con el paso del tiempo, se fue afirmando la unicidad de Dios, es decir, la hegemonía de un dios principal.

Ciertamente Augusto Comte utiliza el término “teológico” para este primer estadio, aunque hay quienes aseguran que el término más adecuado para reemplazarlo sería “religioso”, pues el autor del positivismo cree más en la conducta religiosa, en la relación del hombre con Dios o con los dioses, que no en las especulaciones filosóficas sobre Dios [Sanguineti 1981: 700].

El estadio metafísico

Los seres humanos, agotados de buscar a un Dios que no hace acto de presencia por ninguna parte, se hace a sí mismo dioses, considerando que la naturaleza por completo está bajo el dominio y el poder de ellos mismos, llegando a pensar que ellos tienen la capacidad de ordenar todas las cosas según su propia voluntad y que pueden además sustituir a Dios.

La humanidad comenzó a ser comprendida a partir de criterios que no podían comprobarse mediante la experiencia. Supera el teológico. Atribuye el origen y movimiento de las cosas a una fuerza abstracta. Se caracteriza por el paso de la intervención politeísta en los actos humanos a una explicación monoteísta y por explicaciones metafísicas de los fenómenos naturales.

Se cree que el estado metafísico caracteriza especialmente al tiempo de la adolescencia debido a que es durante éste periodo donde se va perdiendo la fe las fuerzas superiores, aunque no conozca las razones de los fenómenos se cuestiona permanentemente y se ve obligado ponerse explicaciones abstractas para cubrir su necesidad de saber.

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Por lo general, las personas intentaba creer que Dios era un ser abstracto. También creían que un poder abstracto o ciertas fuerzas ocultas direccionan los acontecimientos del universo. El pensamiento metafísico elimina por completo la creencia de un Dios concreto.

Estadio positivo

En el estadio positivo planteado por Augusto Comte, el espíritu del individuo, reconociendo las pocas posibilidades de hallar principios absolutos, desiste de su intento de encontrar el origen y el destino del universo y de comprender los motivos directo de los fenómenos, para enfocarse únicamente a descubrir, a través de las observaciones y raciocinios, las leyes efectivas de los sucesos, es decir, las relaciones invariables de sucesión y de semejanza.

Según lo que indica Augusto Comte a través de su estadio positivo, el individuo abandona por completo su intento por encontrar causas últimas y explicaciones de los acontecimientos más allá de cada una de las vivencias enfrentadas.

La metafísica fue desplazada de esta manera por la ciencia moderna. Durante ésta fase del desarrollo del espíritu del individuo, la sociedad puede demostrar su absoluta dependencia a sus deseos por controlar el ámbito tecnológico de la naturaleza, al tiempo que en el ámbito especulativo va alcanzando la perfección hasta que logra unificar los conocimientos científicos bajo una única ley (ideal laplaciano). Es importante hacer mención al texto capital de la filosofía comtiana, cuyo contenido se acaba de exponer:

«En el estadio teológico, el espíritu humano, al dirigir esencialmente sus investigaciones hacia la naturaleza íntima de los seres, las causas primeras y finales de todos los efectos que percibe, en una palabra, hacia los conocimientos absolutos…

…se representa los fenómenos como producidos por la acción directa y continuada de agentes sobrenaturales, más o menos numerosos, cuya intervención arbitraria explica todas las anomalías aparentes del universo.

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» En el estadio metafísico, que no es en el fondo más que una simple modificación general del primero, se sustituyen los agentes sobrenaturales por fuerzas abstractas, verdaderas entidades (abstracciones personificadas)…

…inherentes a los diversos seres del mundo, y concebidas como capaces de engendrar por ellas mismas todos los fenómenos observados, cuya explicación consiste, entonces, en asignar a cada uno de ellos la entidad correspondiente.

» En fin, en el estadio positivo, el espíritu humano, reconociendo la imposibilidad de obtener nociones absolutas, renuncia a buscar el origen y el destino del universo y a conocer las causas íntimas de los fenómenos, para dedicarse únicamente a descubrir, con el empleo bien combinado del razonamiento y la observación, sus leyes efectivas, es decir, sus relaciones invariables de sucesión y de semejanza.

La explicación de los hechos, reducida entonces a sus términos reales, no es ahora ya más que la unión establecida entre los diversos fenómenos particulares y algunos hechos generales que los progresos de la ciencia tienden cada vez más a disminuir en número.

» El sistema teológico llegó a la más elevada perfección de que es susceptible, cuando sustituyó el juego vario de las numerosas divinidades independientes, que habían sido ideados primitivamente, por la acción providencial de un ser único.

Asimismo, la culminación del sistema metafísico consiste en concebir, en vez de entidades particulares, una sola entidad general, la naturaleza, considerada como fuente única de todos los fenómenos.

Análogamente, la perfección del sistema positivo, hacia la que tiende sin cesar, aún cuando sea muy probable que no lo logre nunca, será el poder representarse todos los fenómenos observables como casos particulares de un solo hecho general: por ejemplo, el de la gravitación universal» [Curso de Filosofía positiva, pp. 187-189].

Augusto Comte asegura que las etapas descritas se rechazan de forma simultánea: En el caso de la metafísica, ésta se encargó de sustituir a la religión, y cuando la sociedad logre alcanzar el último estadio, tanto la religión como la metafísica, pasarán a ser sustituidas por la ciencia, aunque aclara que la religión siempre va a tener presencia dentro de la sociedad, cumpliedo el objetivo de satisfacer una exigencia netamente sentimetal.

Comte, fundador del positivismo, hace constante mención de la ley de los tres estadios, encontrando en ella la base de toda su concepción, llegándola a aplicar a todos los aspectos del desarrollo del individuo y de toda la humanidad; también a la evolución de la ciencia en general y de cada ciencia en particular. Las civilizaciones y las culturas se desarrollan asimismo según este mismo ritmo evolutivo. Esta ley es establecida, en definitiva, como dogma fundamental del positivismo. Augusto Comte llegó a describir el desarrollo histórico de la siguiente manera:

«Creo que esta historia puede ser dividida en tres grandes épocas, o estados de civilización (…) La primera es la época teológica y militar (…) La segunda es la época metafísica y legalista (…) en fin, la tercera es la época científica e industrial» [Oeuvres, t. X, p.112].

Vale la pena mencionar que cada una de éstas etapas se encuentra compuesta al mismo tiempo por diferentes fases: En el caso del estadio teológico, ésta enfrenta tres momentos específicos; fetichismo, politeísmo y monoteísmo, a los que dedica prolongados estudios hasta lograr su punto máximo en el cristianismo. En el plano social, le corresponde el régimen teológico-militar, basado en el absolutismo de la autoridad, el derecho divino de los reyes y una presencia dominante del militarismo como eje estructurante de la sociedad.

En el cristianismo, el poder espiritual pertenece al Papa, que representa a Dios en la tierra; y el poder temporal, a los reyes y a los emperadores, que son seleccionados por Dios. Según lo que explica Augusto Comte, el estadio teológico lo ubica en la época de la Antigüedad y en el Medioevo. Si el estadio teológico es “orgánico”, en el sentido de estable, el metafísico es revolucionario y cambiante, con ataques a las instituciones del pasado. Este objetivo se materializa, en el terreno político, con la decadencia de los regímenes absolutos y una mayor distribución del poder.

Frente a la autoridad absoluta se levantan ahora los derechos del ciudadano, la soberanía popular, el gobierno anónimo de la ley. Esto quiere decir que se profundiza el carácter centralizado del sistema militarista, mientras que va creciendo la fuerza de la burguesía y los juristas asumen un rol sobresaliente.

Nos encontramos en la era de las luces, con la disolución del mundo feudal y el desencadenamiento de la lucha de clases. Augusto Comte ubica el estadio metafísico en la era que va desde el Renacimiento hasta la Ilustración. A partir de entonces, la historia de la humanidad va tomando la dirección hacía un nuevo periodo estable, esta vez, definitivo, que es el dominio de la mentalidad científica.

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La manifestación política de este último estadio de desarrollo de la humanidad será una sociedad industrial y comercial, controlada por científicos, que impondrán esquemas racionales a la convivencia social, garantizando de esa forma el orden y el progreso.

El altruismo, conocido por todo el mundo gracias al cristianismo, se hará universal o planetario como el propio Augusto Comte lo define, merced a la ciencia. Quedarán suprimidas las causas de las guerras y la autoridad asegurará el bienestar material a todos. De esa forma la Humanidad alcanzaría definitivamente la madurez, pudiendo ahora entregarse a sus afanes de dominio y de tecnificación de la naturaleza.

La Biografía de Augusto Comte indica que él llegó a creer en la consolidación de la corriente del positivismo en la década de 1841 y que se lograría una organización similar al logrado por el catolicismo durante la Edad Media, pero con un planteamiento estrictamente consolidado, es decir, no teológico, sino completamente científico.

Fundamentación de esta ley

El científico Augusto Comte creía que la ley de los tres estadios estaba impregnada en la naturaleza misma del espíritu. Esto nos lleva a concluir que mencionada ley registra un claro basamento que no requiere demostración alguna.

«Me parece que basta enunciar esa ley, para que su exactitud sea verificada inmediatamente por todos aquellos que tienen un cierto conocimiento profundo de la historia general de las ciencias.

No hay ninguna de ellas, en efecto, que no se halle hoy día en el estadio positivo, y que no podamos representarnos en el pasado compuesta esencialmente de abstracciones metafísicas, y remontándonos aún más, completamente dominada por las concepciones teológicas» [Curso de Filosofía positiva, lec. 1].

De acuerdo a lo que demuestra la visualización de la evolución de las ciencias humanas, cada una de las etapas de la ley de los tres estadios va avanzando del estadio teológico al metafísico, y una vez alcanzado ese nivel, llega al positivo, aunque se lamenta de que, aún en su tiempo, diferentes ciencias continúan manteniendo demasiados rasgos de las etapas anteriores.

De acuerdo a lo expresado por el propio Augusto Comte, se puede evidenciar de manera fácil la verdad de la ley de los tres estadios, pensando en la propia experiencia personal:

«Ahora bien, cada uno de nosotros, contemplando su propia historia, ¿no se acuerda de que fue sucesivamente, en cuanto a sus nociones más importantes, teólogo en su infancia, metafísico en la juventud y físico en la madurez? Esta constatación es fácil hoy día para todos los hombres en cualquier altura de su vida» [Curso de Filosofía positiva, lec. 1].

Comte también aclara que no es necesario que éste proceso se lleve a cabo en todos; se verifica, al menos, en los espíritus que están a la altura de los tiempos. A las dos pruebas de observación descritas por Augusto Comte, el científico también incluye lo que denomina la “demostración” técnica de la necesidad de esa ley.

En la Biografía de Augusto Comte se explica que, teniendo como punto de inicio el empirismo fenomenista definido por Hume, se entiende que los sentidos del hombre cuentan con la capacidad de reconocer ciertas sensaciones aisladas,

Partiendo del empirismo fenomenismo de Hume, se comprende que los sentidos perciben sensaciones aisladas, sin necesidad de un acceso intrínseco. Está el requerimiento, por consiguiente, de una teoría, un principio o un esquema que coordine los hechos aislados, dándoles la inteligibilidad de la que carecen. Este esquema ha de ser necesariamente a priori de la experiencia, que ofrece solo sensacionales aisladas.

«Si bien toda teoría positiva tiene que estar basada necesariamente en la observación, también es necesaria una teoría cualquiera que coordine esta observación. Si al contemplar los fenómenos no los relacionamos de inmediato con algunos principios, no solamente nos sería imposible combinar esas observaciones aisladas…

…y por tanto sacar provecho alguno de ellas, sino que seríamos incluso enteramente incapaces de retenerlas, y a buen seguro que los hechos permanecerán desapercibidos ante nuestros ojos» [Curso de Filosofía positiva, p. 39].

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Es así como Augusto Comte propone la necesidad de crear una teoría, cuyo basamento inicial sea la de coordinar los hechos, al margen de su contenido de verdad:

«Así, pues, el espíritu humano, presionado por un lado por la necesidad de observar para obtener teorías reales y, por otro por la necesidad, no menos imperiosa, de crear algunas teorías para poder continuar estas observaciones…

…se hubiera encontrado desde su nacimiento encerrado en un círculo vicioso del que no hubiera podido salir nunca si no hubiera abierto felizmente una salida natural por el desarrollo espontáneo de unas concepciones teológicas, las cuales han sido un punto de conexión a sus esfuerzos y han ofrecido un programa para su actividad» [Curso de filosofía positiva, p. 39].

Se podría decir entonces, de acuerdo a lo planteado en la Biografía de Augusto Comte, que la teología ha funcionado, entre otras cosas, como el paso inicial de apoyo para el esfuerzo humano de entender, y como programa inicial de la praxis que llevará progresivamente, a lo largo de toda la historia, hacia el dominio científico-técnico de la naturaleza.

«Independientemente de las profundas consideraciones sociales que aquí se unen, y que no debo ni tan siquiera mencionar en este momento, éste es el motivo fundamental que demuestra la necesidad lógica del carácter puramente teológico de la filosofía primitiva» [Curso de filosofía positiva, p. 39].

Queda demostrado que, desde el contexto gnoseológico, esta explicación comtiana es deudora del empirismo y del fenomenismo kantiano, que hunden sus raíces en la filosofía cartesiana. En efecto, Descartes separó la unidad funcional de inteligencia y experiencia, por medio de la cual se capta la unidad real del ente sensible, dejando por un lado los fenómenos a los que había que buscar inteligibilidad y, por otro, los conceptos que ya no expresaban el ser y la naturaleza de las cosas.

En ese contexto, la inteligencia ya no contaba por objeto el ente sensible (lo real existente) sino el concepto puro; y la sensación tampoco alcanzaba el ente sensible en cuanto tal, sino la sensación puntual, el dato aislado, despojado de toda inteligibilidad intrínseca. El ser y la naturaleza de las cosas quedaban reducidos a fenómenos [Sanguineti 1977b: 232-238].

Concepción positivista de la ciencia y clasificación de los saberes

A lo largo de este artículo hemos estado hablando sobre la corriente del positivismo, término bien conocido por muchos. Se trata de la forma en que a todos nos dicen deben de realizarse las averiguaciones; es para muchos también el denominado método científico. De acuerdo a lo expresado por Augusto Comte, el llamado “método científico” se encuentra caracterizado por prescindir de la búsqueda de causas reales.

Según lo que explica la Biografía de Augusto Comte, las ciencias se restringen a entablar vínculos entre los fenómenos observables. De allí el calificativo de su filosofía como positivista, puesto que impide que la ciencia traspase el ámbito de los datos, de lo positivamente dado en la experiencia. En la corriente del positivismo, tal y como se ha evidenciado desde el comienzo, las leyes científicas no son más que “relaciones invariables” entre fenómenos.

El objetivo primordial del positivismo, según Augusto Comte, es promover el control del individuo sobre la naturaleza, permitiendo la previsión de los hechos futuros. La realidad puede desarrollar sin el requerimiento de acudir a ninguna entidad o principio trascendente.

En la Biografía de Augusto Comte también se deja ver que para éste personaje no existe otro conocimiento válido más allá del conocimiento científico-positivo. Para nadie es un secreto que las descripciones del saber de la época presentaban en su momento un basamento teológico o metafísico, por lo que Comte plantea otra que responda al estadio positivo, en la que obviamente no incluirá los saberes que pretendan ir más allá de los hechos y de su coordinación a través de una ley (metafísica, teología).

Ciertamente el modelo se expone idéntico para cada una de las ciencias, por lo que Augusto Comte explica que las diferentes doctrinas se diferencian solo por la más elevada o inferior dificultad de su objeto específico. Es, por tanto, la extensión y la comprensión de los objetos (que Comte prefiere determinar como generalidad o universalidad y como complejidad o simplicidad, respectivamente) lo que traza la delimitación de las ciencias.

A través de la Biografía de Augusto Comte se indica que la ciencia más simple es la Matemática, encargada de estudiar la cantidad, la realidad más sencilla y general. Luego le sigue la ciencia conocida como la Astronomía, que se encarga fundamentalmente del estudio de las masas dotadas de fuerzas de atracción. Después viene la ciencia de la Física, que se vincula de manera simultánea con elementos como la luz y el calor.

La siguiente ciencia es la Química y la Biología, ambas tocan el tema de la vida, incluyendo a la materia bruta la organización. Por último encontramos la ciencia de la Física social o Sociología, que estudia el hecho de la sociedad y las constantes de los comportamientos humanos [Curso de Filosofía positiva, pp. 100-101.113].

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Dicha organización de las ciencias fundamentales anteriormente descritas, revelan también para Augusto Comte, el orden histórico necesario en el que han surgido, debido que la inteligencia del individuo solo puede transicionar al objeto más complejo teniendo como punto de inicio el objeto más simple. De acuerdo a lo que dice Comte, la Matemática es la ciencia que ha llegado primero al estadio positivo.

Luego viene el desarrollo de la Astronomía, y después, la Física, en el siglo XVII, que ha llegado a su culmen con la ley de la gravitación universal de Newton. Posteriormente la siguiente ciencia en lograr el estadio positivo es la Química, gracias al esfuerzo hecho por Lavoisier. La ciencia de la Biología también ha entrado en su fase definitiva con los trabajos de Bichat y de Blainville.

Es importante mencionar que en la Biografía de Augusto Comte se considera que la Psicología no es una ciencia a sé, debido que la reduce a Biología, reconduciendo los fenómenos psíquicos a la fisiología. Comte también hace mención a la ciencia de la Sociología, advirtiendo que la misma es falible e incierta, dado a que se encuentra aún en el estadio metafísico.

Hasta ese momento se creía que los acontecimientos sociales dependían de decisiones arbitrarías y, por esa razón, se habían analizando con un método que llevaba a “discusiones interminables”, sin embargo para Augusto Comte, ha llegado la oportunidad en el que también esos acontecimientos pueden ser tratados con los métodos de las ciencias positivas.

El entendimiento de las leyes que los relacionan provocaría, por vez primera, comprenderlos y prevenirlos. A través del razonamiento y de la observación, la ciencia de la sociología está en la capacidad de definir las leyes de los fenómenos sociales, así como ocurre con la Física, donde es posible definir las leyes que regulan los fenómenos físicos. Cuando se constituya la Física social quedará completado, por tanto, el sistema filosófico.

Para la enciclopedia de Augusto Comte, la ciencia de la Sociología tiene un puesto importante y culminante, al representar el término último del progreso intelectual. Esta ciencia tiene en cuenta los resultados de todas las demás y se establece como meta crear los nuevos principios de la moral y del derecho: el sistema de ideas y de mecanismos de convivencia que salven a la humanidad de la anarquía y del desorden espiritual en la que la habían sumido los revolucionarios del siglo XVIII.

Resulta necesario hacerse la siguiente pregunta: ¿Qué lugar ocupa la Filosofía en el cuadro comtiano de los saberes, si las ciencias particulares se distribuyen exhaustivamente la totalidad de los objetos existentes? Lo cierto es que, para el pensamiento de Augusto Comte, la Filosofía no se configura como un saber con un ámbito de estudio propio, distinto de los que corresponden a las ciencias. Comte, explica a través del Curso de Filosofía positiva lo siguiente:

«Basta, en efecto, con que el estudio de las generalidades científicas se convierta en una especialidad más. Que un nuevo tipo de sabios, preparados por una educación conveniente, sin dedicarse al cultivo especial de ninguna rama particular de la filosofía natural, se ocupe únicamente…

…considerando las diversas ciencias positivas en su estado actual, a determinar exactamente el espíritu de cada una de ellas, a descubrir sus relaciones y su encadenamiento, a resumir, si es posible todos sus principios propios en un menor número de principios comunes, conformándose sin cesar a las máximas fundamentales del método positivo» [Curso de Filosofíapositiva, lec 1].

Por esa razón es que a la ciencia de la filosofía le corresponde el estudio de las vinculaciones entre las diversas ciencias y el reconocimiento de los principios comunes a todas (por ejemplo, la ley de los tres estadios, o la necesidad de recurrir a la matemática). Las tareas de la filosofía son aún más modestas de las que fueron establecidas para la metafísica tradicional.

Según la Biografía de Augusto Comte, las filosofías cumplen el objetivo, entre otras cosas, de impulsar el “espíritu científico” que ha conllevado a la sociedad a conseguir resultados concretos en cuanto al entendimiento del mundo y en su dominio, controlando que todos los trabajos queden dentro de este espíritu.

Es así como se podría decir que la Filosofía positiva es la enciclopedia de todas las ciencias, el sistema de los conocimientos universales y científicos, ofrecido en una sola visión total. Al menos así lo expresa Augusto Comte al inicio de su curso:

BIOGRAFÍA DE AUGUSTO COMTE

 

«El fin de la filosofía positiva es resumir en un cuerpo de doctrina homogénea el conjunto de conocimientos adquiridos en los diferentes órdenes de fenómenos naturales» [Curso de Filosofía Positiva, lec 1].

La vertiente sociológico-política del positivismo, la religión de la Humanidad

De acuerdo a lo que se explica en la Biografía de Augusto Comte, se creía que el desarrollo de la ciencia de la Sociología, según el espíritu positivo, iba a generar el resultado del orden social. Dicha ciencia se encargaría de brindar una completa sistematización de las reglas y principios de la convivencia, tal y como ocurriría con otras ciencias como la Física y la Biología.

El modelo planteado por el gran Augusto Comte estaba comprendido en dos partes fundamentalmente; la estática y la dinámica. La primera de ella se encarga de analizar los parámetros de existencia que son habituales a todas las sociedades en todas las épocas. Estas condiciones son, sobre todo, la sociabilidad, la conformación de la familia y la división del trabajo, que se hace compatible con la cooperación de esfuerzos.

A través de la Biografía de Augusto Comte se otorga una alta importancia al tema de la familia, como garantía aglutinante de la sociedad. Considera que la institución familiar está dada por naturaleza y la defiende procurando consolidarla a través de la prohibición del divorcio. Por su parte, la sociedad, según Comte, se encuentra integrada por familias y no por individuos.

Comte también muestra una postura de rechazo al tema de la igualdad, debido a que cree que la misma genera un estado de anarquía, contribuyendo cualquier función a cualquier persona sin tomar en cuenta elementos como la capacitación o preparación. Es por esa razón que la Biografía de Augusto Comte señala que el científico siempre se mostró a favor de la subordinación de los sexos.

La segunda parte de la que hace mención Augusto Comte es la Dinámica social, la cual se encarga principalmente de analizar las leyes de desarrollo de la sociedad. Se encuentra basada en la ley de los tres estadios. El avance de la sociedad se ajusta a esta ley que es, para Augusto, una real y propia filosofía de la historia.

En la Biografía de Augusto Comte se explica que la composición de la sociedad enfrenta, principalmente, una serie de etapas que buscan alcanzar la perfección de la misma en cuanto a su ser y en su manera de obrar, destacando el punto de vista del desenvolvimiento del individuo, atravesando por etapas de estados y de edades en su vida biológica hasta lograr a ser animal perfecto.

Según indica el modelo de Comte, el paso de la humanidad por dichas etapas se convierte en un elemento indispensable como cualquier otra ley física. También es indefinido, debido a que la sociedad no trasciende hacia un objetivo del cual se pueda asegurar que no continuará avanzando. De acuerdo a la ley del progreso, cada uno de los estados sociales es el resultado necesario del precedente y el motor indispensable del que le sigue.

El científico, de acuerdo a lo expuesto en la Biografía de Augusto Comte, creía que la crisis pública y moral de la humanidad de aquella época era el resultado de la coexistencia de tres filosofías opuestas como lo eran la teología, metafísica y la ciencia.

Partiendo de ese punto, Comte considera que para lograr una unificación de la sociedad, se hacía prudente que todas las mentes llegasen a pensar de acuerdo con unas mismas ideas y que la Sociología se constituye como ciencia positiva. Comte planteaba una tesis política clara: La unidad social mediante la unidad de la doctrina:

«Esta revolución general del espíritu humano está hoy casi enteramente cumplida: sólo resta, como ya he explicado, completar la filosofía positiva, abrazando también los fenómenos sociales y, a continuación, resumirlos en un solo cuerpo de doctrina homogénea. Cuando este doble trabajo esté suficientemente avanzado, el triunfo de la filosofía positiva, se realizará espontáneamente y se restablecerá el orden en la sociedad.

La preferencia tan pronunciada que casi todas las mentes, desde las más preparadas a las menos dotadas, conceden hoy a los conocimientos positivos, sobre las especulaciones vagas y rústicas, hace presagiar la enorme acogida que tendrá esta filosofía, cuando adquiera la única cualidad que todavía le falta: su carácter de generalidad conveniente» [Curso de Filosofía positiva, p. 68].

Por ese motivo, para Augusto Comte era suficiente la unidad del método:

«No creo que sean necesarios más detalles para aclarar que el objetivo de este curso no consiste en absoluto en presentar todos los fenómenos naturales como idénticos en el fondo, salvo la variedad de sus circunstancias. La filosofía positiva sería perfecta si esto pudiera ser así.

Pero esta condición no es necesaria, ni para su formación sistemática, ni tan siquiera para la realización de las grandes y ventajosas consecuencias a las que está destinada. No hay más unidad indispensable que la unidad de métodos la cual puede y debe existir y se encuentra en su mayor parte establecida» [Curso de Filosofía positiva, p. 71].

Lo que explicaba la Biografía de Augusto Comte a través de sus ideas era que la corriente positiva se encargaba fundamentalmente de lograr la unidad espiritual entre los individuos. De acuerdo lo que él mismo detalla, el elemento felicidad de la sociedad, sólo era posible si se mezclaban aspectos como el desarrollo general de la razón iluminada por las ciencias y el establecimiento de una ciencia positiva que estudie los hechos sociales.

Para nadie es un secreto que los planteamientos científicos no representan una verdad absoluta y común; por ese motivo es normal que se presenten diferencias y conflictos en la sociedad, dado a la diversidad de opiniones entre los hombres. Por esa razón, él afirmó la urgencia de sustituir la educación teológica y metafísica por una educación netamente positiva, y planteó su imposición por la fuerza desde el Estado.

En la Biografía de Augusto Comte también se advierte de la posibilidad de someter la libertad de cada individuo a la autoridad, alegando que eso solo se puede materializar por causas religiosas. Explica que algunas corrientes como el cristianismo, han tenido la astucia de promover unas posturas que son fundamentales para el desarrollo social (la solidaridad que lleva a buscar no solo el interés personal legítimo, sino también el bien del resto de la sociedad; y esta actitud es capaz de ser suscitada por leyes).

Inspirado por los ideales de Joseph de Maestre, Comte reparó en el modo como en la Edad Media el cristianismo había alcanzado unir en perfecto estado la organización intelectual y social global, que dotaba de orden a la cultura y al saber humanos. Por esa razón, la necesidad religiosa, que recordemos el mismo Augusto había considerado como materia superada con el advenimiento del estadio metafísico y con el positivismo, viene nuevamente a ser reclamada en la época científica como instrumento necesario para la reforma sociológica.

Es así como la denominada religión positiva desarrolla un rol social importante, el de ser principio de la unidad de la sociedad: “La verdadera unidad está, pues, constituida al fin por la religión de la Humanidad”.

En la Biografía de Augusto Comte se destaca el hecho de que el científico siempre se opuso a todas las visualización de la religión características de los estadios teológico y metafísico, tal es el caso del panteísmo y el teísmo. Comte aseguraba que ni la divinidad ni la propia naturaleza podrían ser materia de actividad religiosa.

BIOGRAFÍA DE AUGUSTO COMTE

Es así como únicamente permanece la Humanidad originada como el conjunto de todo que, bajo el nombre de “Gran Ser”, Augusto Comte la propone, en su etapa final, como objeto de culto en la nueva religión positivista. El “Gran Ser” comprende todos los hombres del pasado, del presente y del futuro que han aportado o contribuido al progreso y a la felicidad del género humano.

La Biografía de Augusto Comte señala que él le entrega a este “Gran Ser” un sistema existencial aún mayor, de hecho a la realidad latente del hombre individual, dado a que esta realidad descansa en la persistencia biológica de la generación del tiempo presente con las del pasado y del futuro.

Comte describe el espacio como un ser místico al que denomina “Gran Medio” o “Gran Ambiente”, allí ubica a la Tierra, el “Gran Fetiche”. Estos tres elementos nombrados; el gran fetiche, el gran medio y el gran ser representan la denominada trinidad de la religión positivista, cuyo dogma principal es “el amor como principio, el orden como base y el progreso como fin”.

Si hablamos en cuanto a la manera de realizar los cultos dentro de la religión positivista, es importante señalar que existe cierto parecido con las prácticas realizadas dentro de la religión católica, sin embargo, son llenas más que todo de espíritu positivista. En el caso del culto privado, el mismo está caracterizado por el recuerdo de los muertos y el sentimiento de obligación referente a los descendientes.

Por su parte el culto público se manifestaría en la celebración general de los individuos más relevantes (científicos, artistas y benefactores de la humanidad). Para alcanzar ese objetivo, Augusto Comte creó un calendario positivista en el que los días, las semanas y los meses de cada año tienen un patrono. Según dicho calendario, existen 84 días festivos durante el transcurso de todo el año.

Comte también incluyó a la religión de su corriente positiva la aplicación de nueve sacramentos sociales, también la actividad sacerdotal desde el punto de vista del positivismo,con el que las personas tendrían la posibilidad de estar al frente de importantes cargos públicos como consejeros y jueves. De esta manera, la humanidad tendría la oportunidad de vivir en un mundo completamente feliz, direccionado no por las tinieblas teológico-metafísicas, sino por la ciencia redentora.

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A diferencia de las otras religiones, la corriente de Augusto Comte veía al sacerdocio como una actividad netamente de la mujer, esposa y madre y en defecto de ella, la hija mayor. Así se pone en evidencia el valor que le da Comte a la mujer dentro de la sociedad, la cual juega un papel fundamental, en cuanto a la expresión de la emotividad humana. Con todo lo anteriormente descrito es que Augusto Comte logra impulsar una nueva Iglesia de la que se declaró “sumo pontífice” y que le sobrevivió por varios decenios, sobre todo en países como Inglaterra y Brasil.

El tema de la salvación también representa otro de los puntos importantes tocados dentro de la religión positiva de Comte. Tal y como es bien sabido por todos, la salvación desde la antigüedad ha sido vista como un regalo inmerecido de parte de Dios y para alcanzarla es indispensable mantenerse unido a Él, sin embargo en el caso de la religión positiva, la salvación del hombre sólo es posible por medio de otros individuos, es decir, el hombre se salva y sobrevive en los otros, que recordarán sus acciones útiles a la generación próxima de la cultura humana.

En la Biografía de Augusto Comte se indica que él trabajó en modificar la inmortalidad objetiva o de cada persona, que a su criterio creía egoísta. La cambió por la inmortalidad subjetiva que establecía, entre otras cosas, la creencia de que los fallecidos siguen con vida en los pensamientos de las próximas generaciones.  La nueva sociedad positiva había de estar impregnada de esta religión universal, y todos los actos de la vida social deberían de ser continua expresión de veneración a este “Gran Ser” o Humanidad, porque la felicidad consistiría en unirse más al Gran Ser.

Esta “religión universal de la humanidad” destruye toda trascendencia divina, reclamando para el hombre la glorificación y el servicio que se deben únicamente a Dios.

Comte afirma certeramente que «La gran concepción de la Humanidad elimina irrevocablemente la de Dios» [Système de politique positive, en Oeuvres, t. IX, p. 46], sustituyendo la idea de Dios por la de “Gran Ser”. Estamos ante una radical secularización de la religión [de Lubac 1997].

En pocas palabras se podría decir que la religión de la humanidad consiste básicamente en organizar la sociedad más allá de la existencia de un Dios, basando su objetivo unitario en el progreso, al que se llega mediante la ciencia positiva. Algunos investigadores del positivismo de Augusto Comte ha revelado cómo la motivación política es necesaria en el positivismo:

«Todo el trabajo especulativo realizado por Comte está, desde el principio, orientado e impulsado por su labor política» [Petit Sullá 1978: 11]. Puede afirmarse, por tanto, que «la religión comtiana es esencialmente una religión política, o dicho de otra manera, que la política deviene su dimensión característica» [Petit Sullá 1978: 227].

Reflexiones críticas

Es una realidad innegable que la corriente planteada por Augusto Comte ha sido fuertemente criticada por muchos estudiosos alrededor del mundo, tanto en su concepción general como en aspectos particulares, sin embargo su núcleo continúa activo en muchas orientaciones de la cultura contemporánea. Se exponen a continuación algunas de las críticas más representativas a los aspectos históricos-epistemológicos y metafísicos del pensamiento comtiano.

La ley de los tres estadios y la discusión histórico-epistemológica

Para nadie es un secreto que el modelo de Augusto Comte trata, entre otras cosas, de describir todo el transcurso de la historia social, así como la evolución de cada una de las ciencias y el desarrollo de la figura humana. Los tres estadios descritos responden a una misma ley, cuyo basamento parte del estadio teológico al metafísico y, de éste, al científico positivo.

Partiendo del punto de vista de la evolución histórica real, resulta conveniente preguntarse si los ideales de la corriente metafísica acabó efectivamente con el saber teológico, y si la ciencia eliminó las instancias filosóficas y teológicas. También resulta oportuno preguntarse por el momento preciso en el que, según Comte, tuvo lugar el paso de la mentalidad teológica a la metafísica y si, de hecho, el desarrollo de cada ciencia ha seguido los estadios indicados por el fundador del positivismo.

Según lo que explica la Biografía de Augusto Comte, el estadio teológico se sitúa en la época de la antigüedad y el Medioevo. La etapa metafísica va comprendida desde Descartes hasta Hegel: Se trata de la filosofía eliminada por el pensar teológico. No obstante, es interesante comprobar que Mill, que asume el legado de Comte en estos puntos, identifica el estadio metafísico con la época de la filosofía antigua y medieval.

Comte también asigna al nominalismo y al cartesianismo la destrucción de las ideas metafísicas que promovieron definitivamente el estadio positivo, es decir, para Mill, el periodo metafísico termina con Descartes. Basta con solo mirar la historia para comprender que las corrientes de Aristóteles y de Santo Tomás no son incompatibles con el conocimiento de Dios ni con la teología sobrenatural y que, por tanto, el paso del estadio teológico al metafísico no implicó la destrucción de toda explicación teológica.

También es importante mencionar que la filosofía, que recordemos desde siempre fue vista como la responsable de desplazar a la religión y a Dios del horizonte de la racionalidad, no fue la que Augusto Comte dice que debe abandonarse, sino la filosofía racionalista, la metafísica de la inmanencia que se opone al conocimiento de la trascendencia.

Es prudente mencionar que en el estadio metafísico que, según Augusto Comte, es la fase comprendida desde Descartes hasta Hegel, la filosofía ciertamente asume un rol sobresaliente, especialmente en el racionalismo, que propone la independencia de la razón de la fe, y que finalizará en el monumental edificio hegeliano.

Pero no puede asegurarse que la Teología fuese eliminada inherentemente en estos momentos: o bien se la dejó de lado metódicamente (Descartes) o bien fue cuestionada en su composición de religión positiva (ilustración) o en todo caso fue asumida por la Razón (Hegel).

La verificación histórica también revela que el estadio metafísico no es el que sigue a la corrupción del apercibimiento de Dios y de la teología, sino todo lo contrario. Desde siempre, la negativa de la existencia de Dios ha sido entendida por la corrupción de la metafísica del ser

Es necesario mencionar que la ley de los tres estadios presenta elementos de ambigüedad. Según la explicación de algunos estudios, Mill y Comte hacen uso del término metafísica con una doble función: Cuando interesa mostrar que la metafísica desplaza a la teología, identifican la filosofía con la filosofía moderna (Descartes hasta Hegel); en cambio cuando quieren señalar que en la nueva era positivista debe abandonarse la filosofía, entonces la identifican con la metafísica del ser criticada por Descartes.

Lo cierto es que en el conjunto de la ley planteada en la Biografía de Augusto Comte, el estadio que resulta complejo y casi artificial en todas las exposiciones que tienen presencia en la labor de Comte es el metafísico. Cuando considera la evolución, la descripción del estadio metafísico, o está ausente o se hace muy de pasada (como mero estudio de transición).

Es así como hace mención a una astrología como fase teológica de la astronomía y una alquimia, que sería la etapa primaria de la actual química, pero no dice ni una palabra de la fase metafísica de estas dos ciencias. Son diferentes los autores que han observado, incluyendo el propio Comte, que, en realidad, el problema principal se reduce a probar la existencia de un primer estadio.

En este estadio primario, de acuerdo a lo explicado por los estudiosos, todos los conocimientos se interpretan desde una visión teológica. Comprobado esto, y dado que no puede cuestionarse del actual estado en que están las ciencias, es suficiente agregar un estadio transitorio entre las dos etapas propiamente tales para que quede completada la ley de los tres estadios.

«Todas nuestras especulaciones están inevitablemente sujetas, tanto en el individuo como en la especie, a pasar sucesivamente a través de tres estadios teóricos diferentes: teológico, metafísico y positivo.

Aunque indispensable bajo todos los aspectos, el primer estadio debe concebirse ahora como puramente provisional y preparatorio; el segundo que no constituye en realidad más que una modificación disolvente, comporta sólo un papel transitorio, para conducir gradualmente al tercero; y es éste, el único completamente normal, el que constituye el régimen definitivo de la razón» [Discours sur l’esprit positif, p. 4].

Según lo que explica la teoría planteada por el fundador de la corriente positiva, resulta sencillo advertir que el estadio metafísico no obedece a una descripción de la historia real: más que tener valor y sentido en sí mismo, parece una estrategia pensada para argumentar la necesidad del estadio positivo en todo el saber.

Los investigadores también han sometido a fuertes críticas la sucesión de fases del estadio teológico hasta abocar en el monoteísmo. Algunos estudiosos como Andrew Lang, a través de su obra The Making of the Religion, publicada en la década de 1898, se encargó de mostrar sobre los nuevos datos aportados por la etnología, la existencia en numerosos pueblos primitivos de creencias inequívocas en un Dios supremo y único, aunque mezcladas con diferentes formas de religiosidad inferior, animistas y mágicas.

La misma doctrina fue comprobada tiempo después por otros investigadores, especialmente por los antropólogos de la Escuela de Viena. Desde la era de Augusto Comte, nacieron diferentes disputas sobre cuál sería la religión “primitiva”, pero la misma disparidad de conclusiones a las que se llegó es también señal de la deficiente observación de los hechos en los que se basaban.

También fue objeto de cuestionamiento la estructura socio-política del estadio teológico que Augusto Comte presenta como correlativa a la sucesión de fases que van del politeísmo al monoteísmo. Acerca de esto, Sanguinetti ha expresado que en los razonamientos del impulsor de la corriente positiva sobre esta cuestión subyace al sofisma de tomar lo que es per accidens como si fuera per se.

Digamos: Si una sociedad en específico decide creer en la existencia de Dios y a parte presenta una organización militar, concluye que el culto a Dios está unido per se a lo militar. Esta falta de discernimiento entre lo esencial y lo accidental, aplicada a la sucesión histórica, da lugar al sofisma post hoc, ergo propter hoc [Sanguineti 1977a: 21].

Una evaluación de la historia desde el punto de vista objetivo revela que tampoco se alcanza la dialéctica de fondo de toda la ley comtiana que impide de manera simultanea cada una de las etapas. La metafísica medieval no suprime sino que comprobó la teología, y la ciencia moderna ha convivido con la filosofía y la religión, Merece la pena detenerse en estos aspectos.

La metafísica, de suyo, no se opone a una consideración teológica (ni a la teología natural, ni a la religión). También, la etapa moderna no fue netamente filosófica, pues en ella nació también con toda su fuerza el pensamiento científico, en ambientes filosóficos y extra filosóficos, y normalmente entre personas creyentes.

Tampoco es justo afirmar que el periodo contemporáneo es matemáticamente científico, pues la filosofía nunca ha dejado de interesar, tanto en sus problemas especulativos como en las cuestiones morales; y las exigencias de la religión siguen inquietando a los hombres.

La historia revela, en cambio, que el saber científico serio y profundo promueve las cuestiones filosóficas y empuja a los hombres a Dios. La tendencia a filosofar está, en efecto, hondamente arraigada en el hombre, que no se satisface sólo con explicaciones de los principios físicos de la materia, y mayor es el ansia que todos los hombres experimentan de una respuesta trascendente a los interrogantes más profundos de su existencia.

Si memorizamos la vida de los más destacados científicos modernos y contemporáneos de la talla de Kepler, Newton, Galileo, hasta llegar a Einstein o Planck, Collins y otros muchos, podemos evidenciar ordinariamente a personas con preocupaciones filosóficas, muy atentos al problema de Dios y con respuestas matizadas en relación al valor del saber científico.

La imagen del científico ateo, que ha sobrepasado el estadio teológico, y con total aversión a la filosofía no es frecuente, y suele darse más bien entre determinados filósofos que han colaborado poco a la ciencia misma (Comte, Renan, Marx) o en científicos aislados e influidos por las ideologías.

En la realidad, los caminos de la filosofía y de las ciencias no son excluyentes, sino que suelen entrecruzarse o ir en simultáneo, de modos muy diferentes. En todas las épocas está presentes diferentes religiones, corrientes metafísicas y conocimientos científicos particulares. Estos tres ámbitos del saber se desarrollan, con predominio de uno u otro, en dependencia de la libertad humana.

Algunos estudios modernos han revelado de modo exitoso, que la actividad científica no sólo no se opone a la metafísica (ni a la religión), sino que tiene sentido únicamente desde unos presupuestos de carácter filosófico: la confianza en el orden y racionalidad del universo en su totalidad y la confianza en la capacidad del hombre para conocerlo.

Diversas investigaciones llevadas a cabo durante el siglo XX han indicado que la ciencia experimental solo es tangible si el mundo tiene un fuerte tipo de orden y si los individuos están en la capacidad de investigarlo.

Se podría mencionar, por consiguiente, que la base de la ciencia moderna desde tiempos antiguos ha sido en parte una verdad del realismo metafísico y gnoseológico, que se encuentra en continuidad con el razonamiento metafísico que lleva a la existencia de Dios. Jaki destaca una filosofía de la historia de la ciencia del signo opuesto a la del positivismo clásico, que consideraba la religión y la metafísica como un lastre del logos científico.

La historia se ha encargado de mostrar que la ciencia moderna nación de manera sistemática durante el siglo XVII, en una cultura que, desde hacía varios siglos atrás, era netamente cristiana, y por el desempeño de algunos científicos de la talla de Copérnico, Kepler, Galileo y Newton, que recordemos además de ser cristianos convencidos, también analizaron con regularidad los problemas teológicos.

La mayoría de las investigaciones llevadas a cabo desde el siglo XIX nos dan la posibilidad de llegar a la conclusión de que la ley de los tres estadios no responde al curso real de la historia, ni en su planteamiento general ni en los detalles del desarrollo de cada estadio.

La ley de los tres estadios tampoco demuestra la historia seguida por cada ciencia. En realidad no es más que una abstracta identificación de tres posiciones “puras”, artificialmente contrarias, que no disfrutan de verificación a nivel individual.

Crítica de la concepción positivista de la ciencia

La concepción positivista de la ciencia resulta un elemento completamente cientificista. Por una parte, se atribuye a la ciencia el control absoluto del saber y, por otro lado, se limita su alcance a las realidades de lo vivido, rechazando la realidad objetiva de lo que quede más allá de la experiencia. Esto nos permite concluir que con la metodología propia de la ciencia positiva, resulta imposible alcanzar realidades trascendentes.

Pero esto no ocurre porque éstas no tengan realidad o no sean objeto de planteamientos, sino porque el método científico, por su misma naturaleza, se limita a los aspectos observables de la realidad. La ciencia no tiene necesidad de considerar otras dimensiones para desarrollarse, todo lo contrario a lo que sucede con el individuo, que sí puede hacerse preguntas que están más allá de las posibilidades metodológicas de la ciencia en la que trabaja.

La posibilidad de que la ciencia puede buscar solución a todos los problemas enfrentados por el individuo (otra manifestación de la concepción cientificista de la ciencia) resulta algo que sobrepasa el nivel de ingenuidad. En efecto, por su misma naturaleza, el conocimiento científico se circunscribe a ámbitos determinados de la realidad, y por tanto, existen problemas para los cuales no vale la pena pedir solución a la ciencia.

De acuerdo a la opinión de expertos, el conocimiento científico resulta algo parcial y contextual y, por consiguiente, ninguna ciencia está en la capacidad absoluta de ofrecer soluciones a problemas que tengan un carácter global. También es oportuno aclarar que muchos de los problemas que la ciencia resuelve, están directamente relacionados con decisiones humanas que se sitúan en el terreno extra-científico, en el ámbito de la libertad.

También es necesario recordar que ninguno de los avances científicos puestos en marcha se han realizado bajo las directrices, metodológicas de Augusto Comte. Como es bien sabido por muchos, él aseguraba que la mecánica newtoniana, percibida de modo mecanicista y realista era el saber definitivo.

Por esa razón otorgaba alto valor a la estabilidad del sistema solar, tal como se conocía en ese entonces. Aseguraba con frecuencia que la ciencia positiva se extendía sólo hasta donde alcanzaba la vista sin colaboración de instrumentos, y que el límite práctico del universo era la órbita de Saturno.

El científico Augusto Comte veía con malos ojos los intentos de indagar más allá del sexto planeta del sistema solar, por el miedo de que nuevos descubrimientos comprometieron el determinismo de la ciencia y, con ello, su capacidad de prever con exactitud. Por lo mismo, en matemáticas era hostil al cálculo de oportunidades impulsado por Laplace.

En su época, las explicaciones biológicas distaban mucho de ajustarse en su desarrollo al esquema positivista. Algunos de los mejores biólogos del momento refutaron considerar la vida como un mero mecanismo. Sin embargo, Comte ignoró a estos científicos y exageró, en cambio, la importancia de los que aportan elementos que corroboran su concepción de la ciencia, por ejemplo, Bichat [Curso de filosofía positiva, lecc. 48 y 57].

Según la opinión de Bichat, el elemento último de los seres vivos era el tejido, no las células. Por consiguiente, no debía buscarse una realidad más allá del tejido. Bichat rechazó el uso del microscopio, asegurando que por medio del mismo, cada uno observa a su manera y en la medida en que resulta afectado. Por influyo de su autoridad, el microscopio quedó desautorizado por muchas décadas.

Augusto Comte, que respetaba mucho a Bichat, opinó en una ocasión respecto a la teoría celular:

«El abuso de las investigaciones microscópicas y el exagerado crédito que todavía se presta a un medio de exploración tan equívoco, contribuyen básicamente a dar una falaz apariencia de verdad a esta fantástica teoría» [Curso de filosofía positiva, lec 41].

Desde el punto de vista astrofísico de la ciencia, Augusto Comte se mostró en contra del planteamiento de hipótesis referente a la estructura de las estrellas. Aseguró en una oportunidad de manera pública sobre la imposibilidad de conocer la estructura química de las mismas. Tiempo más tarde, Fraunhofer publicó su descubrimiento de la composición química de las estrellas y su evolución en el tiempo.

El entendimiento de la corriente del positivismo de la ciencia falla en la definición misma de la ciencia y de su alcance. Al limitar el saber científico a la formulación de las leyes que vinculan las magnitudes, los fenómenos y los hechos, los positivistas posteriores rechazaron la utilización de los conceptos de átomo, pero atómico y en general de todo planteamiento acerca de la organización interna de la materia.

Ellos sostenían que se trataba de elementos ficticios e inútiles, restos de la antigua “metafísica”. No obstante, los experimentos de Perrin (1870-1942), que llegaron a determinar experimentalmente el número de Avogadro y confirmar así la teoría atómica, alcanzaron introducir en crisis la noción del positivismo de ciencia.

De hecho el filósofo de tendencia idealista León Brunschvig y Wilhem Ostwald, científico que describía la teoría atómica como ejemplo de hipótesis experimental incontrolable de la que la ciencia debería liberarse, luego de ser conocidos los resultados de los trabajos de Perrin, aseguraron que el átomo, que hasta ese momento era un “ente de razón” se había convertido en un “ente de laboratorio”; ya no era una ficción sino una realidad.

Vale la pena destacar que, a pesar de que la corriente positiva se auto-proclamó la filosofía de la ciencia moderna, los planteamientos atómicos se consolidaron principalmente gracias al impulso de una concepción realista, no positivista, de la ciencia.

La afirmación de la teoría atómica tiene, de esa manera, un gran relieve epistemológico, dado a que revela la posibilidad, para la ciencia y para la razón humana en general, de ir más allá de los datos de la sensación y de buscar su explicación en causas y estructuras subyacentes a los fenómenos.

Se podría decir que desde sus primeros años de creada, éste es el espíritu de la ciencia moderna, muestra de ello es la postura de Galileo en la polémica ptolemaico-copernicana. El sistema geocéntrico “salvaba las apariencias”, pero Galileo lo condenó debido a su capacidad notablemente pragmática, que no producía una comprensión en profundidad de la estructura de la realidad.

De acuerdo a su parecer, los científicos auténticos tenían la responsabilidad directa de intentar indagar la verdadera constitución del universo. Lo importante no era que la ciencia funcionara. Por esa razón Galileo no continuó el consejo dado por el cardenal Belarmino de tratar como hipótesis el sistema copernicano. Para él considerarlo como hipótesis representaría como especie de traición a la ciencia.

Para nadie es un secreto que en la actualidad, el impactante avance logrado por las ciencias experimentales, incluso desde el siglo XIX, obedece entre otras cosas, a los conocimientos alcanzados acerca del mundo microfísico e intracelular, yendo mucho más allá de lo dado en la experiencia, es decir, en la dirección que Augusto había rechazado.

En el caso de elementos como la genética, no se ha limitado al cálculo estadístico y de predicción de caracteres de la descendencia, todo lo contrario, se ha encargado de colaborar en el intento de hallar el principio explicativo de dichas proporciones, postulando en primer lugar las unidades hereditarias y luego los genes, hasta alcanzar el establecimiento de su estructura química.

Si hubiese ocurrido que la ciencia continuará los mismos lineamientos de la corriente positiva, hoy en día no existía la microfísica, ni la astrofísica, ni la teoría de la relatividad, ni la bioquímica, ni la genética. Se considera un último ejemplo, también de la física atómica.

Algunos investigadores como Thompson y Kaufmann, se esforzaron en su momento por lograr medir la vinculación existente entre masa/carga de las partículas que formaban los rayos catódicos. Los datos aportados por Kaufmann resultaron un poco más precisos que los dados por su compañero.

Aunque ciertamente ambos datos ofrecidos por los investigadores tenían la particularidad de estar relacionados, al punto de considerarse como conclusiones parciales, Thomson aseguró el carácter fundamental del electrón como constituyente de la materia, algo que con el transcurrir de los años pudo ser confirmado por la investigación.

Sin embargo en el caso de Kaufmann, él no proclamó que hubiera descubierto una partícula fundamental, porque había sufrido la influencia de la filosofía científica de Ernst Mach, que sostenía que no era científico ocuparse de hipótesis como los átomos, imposibles de observar. Es prácticamente imposible no concluir que fue Thomson quien descubrió el electrón en la década de 1897.

Ha llegado la oportunidad de analizar cuál es el real fundamento de la denominada ley de los tres estadios y el directo respaldo dado por Augusto Comte en las posibilidades de la ciencia. Cuando el fundador de la corriente del positivismo se atrevió a formular dicha ley, muchos hechos y situaciones no se ajustaban a su planteamiento, provocando así que la ley tuviese que ser revisada en muchas oportunidades y hasta llegar a dudar de ciertas aserciones.

Augusto Comte también pudo haber observado, mirando la historia desde Descartes hasta él, que existía un paralelismo entre el creciente predominio de la ciencia positiva y el estado bélico de las sociedades europeas. El científico pudo estar en el deber de alertar acerca de que el pensamiento cartesiano y baconiano no era exclusivamente prometedora de la paz social.

De hecho es importante resaltar que la paz social empezó a sufrir complicadas perturbaciones a partir de la era del Renacimiento. No obstante, sus afirmaciones sobre las causas del estado revolucionario de su tiempo son de un simplismo notable.

A lo largo de toda la Biografía de Augusto Comte se puede observa, además, la manera en la que el científico se encarga de sortear permanentemente los acontecimientos que contradicen o plantean complicaciones a su ley. Esta situación, muy repetida, no incidental, revela que la elaboración sistemática del positivismo no tiene explicación desde el punto de vista lógico.

Puede comprenderse sólo como decisión de la voluntad a partir del fin que pretende: la organización de la sociedad por medio de la Física social, dotada de leyes tan exactas como las de la atracción gravitacional. La credibilidad de este deseo dependía de que se demostrara que las ciencias (especialmente la biología) hubieran logrando su estadio definitivo pues, al final, la sociedad no sería más que un amplio organismo, un sistema biológico más extenso y complejo.

 «La física social sería una ciencia imposible, si las condiciones astronómicas fuesen susceptibles de variaciones indefinidas, pues entonces, la existencia humana que depende de ellas no podría nunca reducirse a leyes» [Curso de Filosofía positiva, p. 22].

Partiendo de los deseos de lograr el dominio y el perfecto control de los sucesos naturales y humanos se nos hacen inteligibles las creaciones sistemáticas de la corriente positiva. Solo de esa manera es posible comprender a fondo su rechazo de la instancia metafísica basada en el empirismo, dado a que “la realidad sin interna contextura, sin esencial urdimbre es la plasticidad completa, la inerte disponibilidad material para el ejercicio del poder puro”  [Llano 1988: 140].

Autores como Putnam llegaron a asegurar que la corriente del positivismo no es una explicación, sino más bien que se trata de una redefinición persuasiva ordenada a unos metas precisas: excluir la metafísica y la ética normativa [Putnam 1975].

Teniendo todos los elementos descritos a lo largo de éste artículo sobre la Biografía de Augusto Comte, se podría decir entonces que la corriente positiva no surge tanto como una filosofía inspirada en la ciencia real, sino más bien su origen parte sobre todo como una ideología claramente anti-metafísica. Sanguinetti lo explica de la siguiente manera:

«La esencia de la actitud positivista consiste entonces, a parte aversiones, en el abandono del conocimiento metafísico en la investigación científica, conseguido mediante calculadas restricciones intelectuales; y a parte conversiones supone el proyecto de alcanzar el dominio y perfecto control de los hechos, de modo que la razón llegue a ser completamente dueña del ser y del obrar de todas las cosas.

La voluntad de poder constituye sin duda el finis operis de la construcción positivista, el secreto que hace inteligibles sus sistemáticas elaboraciones» [Sanguineti 1977a: 244].

Aun considerando el sistema planteado en la Biografía de Augusto Comte desde la finalidad que pretende, llama mucho la atención su ingenuidad respecto a las posibilidades y función de la ciencia. No obstante, teniendo en cuenta el desarrollo histórico-cultural en el cual se desenvolvió el científico Comte, resulta, en cierto modo, comprensible.

La Biografía de Augusto Comte señala que durante la época en la que vivió este gran científico, la ciencia moderna había alcanzado impresionantes éxitos y empezaba a organizarse en un sistema atractivo, e una cosmovisión científica que estaba en la capacidad de ingresar en concurrencia con la filosofía.

Es por esa razón que el conocimiento científico pudo representar ante la mirada de Augusto Comte la genuina sabiduría, que iba a revelar los secretos del universo. Por otro lado, la filosofía estaba representada por las especulaciones idealistas y por las críticas a la religión revelada y a la metafísica, operantes ya desde el siglo XVIII.

La enciclopedia, a partir de una confianza acrítica en el mecanicismo y con la pretensión de basarse en la mecánica newtoniana, había impulsado el mito científico. Augusto Comte tenía, por consiguiente, un humus propicio. En cambio, dos siglos atrás, en el momento de arranque de la ciencia (época de Newton) no habría podido surgir una filosofía parecida a la planteada por Comte.

Era así porque los científicos de la época estaban entendidos acerca de la parcialidad de sus estudios y sencillamente se remiten a la filosofía para los problemas más hondos. La ciencia y en general toda la cultural del siglo XVII vivía sometida a una atmósfera filosófico-teológica.

Valoración metafísica

Ya para finalizar la exposición crítica de la corriente positiva impulsada por el científico Augusto Comte, resulta importante y necesario realizar ciertas opiniones referentes a los elementos metafísicos ampliamente impugnados por Comte y en general por el cientificismo: La cualidad de Dios sobre el universo y el individuo entre la Causa Primera y las causas segundas.

Se podría decir que es aquí, donde probablemente, se expone de manera más clara la pobreza metafísica de la filosofía impulsada por Augusto Comte. Tal y como se había explicado con anterioridad, en la corriente comtiana, las causas segundas y la Causa Primera están básicamente situadas en una misma dirección, casi en concurrencia.

Esto quiere decir que tratar de sobresalir o beneficiar la acción de las causas segundas conlleva inmediatamente la pérdida de la relevancia de la Causa Primera, hasta hacer superfluo el recurso a ella. Así, algunos positivista alegaron que el individuo recurre a Dios solo en ausencia de una explicación positiva de los hechos concretos.

Corresponde a una manera de argumentación en línea con el Deus ex machina que, a nivel práctico, iría mostrando innecesario el recurso a Dios. A falta del saber científico, se acudiría a Dios para que enviara lluvia, curarse de algunas dolencias físicas o ayudara en las complejidades de la vida.

Pero una vez que el avance de las tecnociencias va logrando cubrir cada una de las necesidades básicas anteriormente planteadas como la falta de sanidad o resolver otros problemas de la vida, deja de tener sentido la necesidad de recurrir al favor y la intervención de Dios. En realidad, como se detalla a continuación, la Causa Primera no resulta superflua porque existan causas segundas que se van conociendo cada vez mejor.

En esta particular forma de ver la corriente positiva, se requiere de una determinada manera de entender metafísica adecuada de estos dos órdenes de causalidad que, en cambio, la doctrina aristotélico-tomista del ser como acto y de la participación logra iluminar. En el caso de la doctrina impulsada por Aristóteles, por Causa Primera se entiende la causalidad propia de Dios, Esse Subsistens, Ser por esencia, que produce las cosas en cuanto entes, es decir, da propiamente el ser.

Por su parte las causas segundas corresponde a aquellas que producen la cosa, pero no en cuanto a su ser sino más bien en cuanto a su modo de ser (pino, piedra, gato, átomo, etc). La Causa Primera o trascendental no excluye ni sustituye a las segundas: Dios en cuanto causa del ser de los agentes secundarios está presente en cualquier acción causal secundaria o participada.

Para nadie debe existir la duda acerca de que son las causas segundas las encargadas de producir la cosa en cuanto pino, lombriz de tierra, etc, pero la Causa Primera (causa de la causa segunda y de su causalidad) produce la cosa en cuanto ente. Tanto una como las demás son propiamente descritas como causas, pero en planos diferentes.

La metafísica tomista, sin menoscabar la autonomía propia de la causa segunda y por consiguiente su carácter de causa real del efecto producido, entiende que la causación de las criaturas requiere el fundamento de la causalidad divina, tanto para su ser como para su obrar. Toda criatura, toda causa segunda, es (esencia, principios sustanciales y accidentales) en virtud del esse participado que, a su vez es en acto por la participación del Esse Subsistens.

Es precisamente de allí que se afirma la idea de que el obrar del hombre (de la causa segunda) sea tal en virtud del “vibrador” íntimo y radical del acto de ser. Al otorgar Dios el esse fundante de este creado, representa también la Causa Primera en el ser respecto de cualquier efecto que se produce en el universo.

La intervención del ser se continúa, por tanto, en la participación intrínseca en el obrar y en las potencias operativas. De allí que la Causa Primera no se contraponga a la razón de causa segunda, sino que, al contrario, le comunique su condición de causa efectiva, de modo que esta última nada podría hacer sin contar con la unión y subordinación a la Causa Primera. Por eso Santo Tomás llegó a expresar lo siguiente:

«Cuando se pregunta por el propter quid de algún efecto natural, podemos responder asignando alguna causa próxima, siempre que reduzcamos todo a la Voluntad divina, como a su Primera Causa. Por ejemplo, si alguien pregunta:

‘¿por qué se calienta la madera ante la presencia del fuego?’, se puede decir, ‘porque calentar es la acción natural del fuego’, y esto a su vez ‘porque el calor es un accidente propio del fuego’, dado que resulta de su forma; y así hasta llegar a la Voluntad divina.

Por eso, si alguien respondiera a esa pregunta diciendo que ‘porque Dios lo quiso’, responderá convenientemente si se propone reducir la pregunta a su Causa Primera, pero no si entiende excluir todas las demás causas» [Tomás de Aquino, Summa contra gentiles III, c. 97].

Dios y las criaturas producen un efecto común, pero no como si Dios originara una parte de esa reacción y la criatura otra parte. No se trata de una ambigua integración de causas parciales, sino de la fundamentación de la causa particular en la Causa por esencia. La “moción” divina en el obrar de la criatura no disminuye, por tanto, la eficacia propia del sujeto que está obrando, sino que la fundamenta.

El marco de la vinculación entre la Causa Primera y las causas segundas está, por consiguiente, en la participación. Cuando se deja de lado esta doctrina, entonces se comprende la causa segunda como totalmente autónoma y la dependencia de la Causa primera se hace nula , incluso agresiva o superflua.

Al mismo tiempo, como la consistencia o dignidad de la causa segunda se enfoca en su independencia, se expone el requerimiento de negar la Causa Primera o de hacerla, cada vez más remota. El positivismo teme que la referencia a Dios lleve al descuido de las causas segundas. Se cree que en épocas anteriores la injerencia de Dios había representado un lastre para progresar en el conocimiento de los mecanismos que permiten el dominio de los fenómenos.

De allí que el arrinconamiento o la falta de Dios se cree signo de progreso científico; cuanto más fenómenos alcance detallar la ciencia, menos necesario sería el recurso de recurrir a la presencia de Dios, hasta llegar a poder independizarse totalmente de su existencia.

En la Biografía de Augusto Comte se dice que éste científico consideraba que el poder de prever los fenómenos y de dominarlos acaba con la creencia de ser controlados por voluntades mudables. En ese mismo orden de ideas, la obra de Comte se direcciona a suprimir cualquier intervención causal de Dios en el mundo y a desechar todo residuo de metafísica del ser en la elaboración de las ciencias.

Ciertamente, las diferencias entre la Causa Primera y las causas segundas o, si se prefiere, entre la teología natural y las ciencias positivas se generan objetivamente (es decir, desistiendo de causas subjetivas como son los intereses personales, los prejuicios, la situación moral de la persona) solo cuando las relaciones entre la Causa Primera y las segundas se plantea de modo equívoco.

Luego de hacerse las reflexiones presentadas, resulta necesario hace la siguiente interrogante ¿Tiene algún significado histórico real la ley de los tres estadios? A lo que muchos expertos responden que sí. Es evidente que el itinerario de la filosofía moderna, y contemporánea representan un permanente alejamiento de Dios y una caída en el agnosticismo y en el ateísmo.

Augusto Comte lleva la razón en esa misma dirección solo si se desea hacer referencia al proceso de progresiva profundización hacia el ateísmo, característico de la vertiente dominante de la filosofía “moderna”. Sin embargo no se puede generalizar dicha observación a toda la filosofía y mucho menos a la actitud filosófica en su raíz más auténtica.

«La ley de los tres estadios se presenta así como una descripción en la que Comte sintetiza el avance de la civilización moderna hacia el ateísmo, el progresivo alejamiento de Dios que se estaba operando en el mundo, y más en concreto el paso operado por el humanismo radical desde el ámbito de la filosofía al de las ciencias, característico del ambiente cultural de las primeras décadas del siglo XIX.

Al formular su ley, Comte no hace más que tomar conciencia de una definida orientación de la cultura moderna, no absolutamente universal, pero ciertamente dominante» [Sanguineti 1977a: 200].

Bibliografía

En esta última parte de nuestro artículo sobre la Biografía de Augusto Comte te vamos a presentar un breve resumen acerca de la Bibliografía de éste emblemático científico e investigador.

Obras de Auguste Comte

La Biografía de Augusto Comte señala que a  lo largo de los años de carrera profesional, éste científico tuvo la oportunidades de realizar grandes e importantes obras que marcaron un antes y un después en la vida cristiana de muchos y que impulsaron su doctrina del positivismo. A continuación se detallan algunas de sus más emblemáticas obras:

  • En 1822 publica «Plan des traveaux scientifiques», en el que, defiende la unidad indisoluble de ciencia y política.
  • En 1826 comienza un «Cours de philosophie positive», que muy pronto se ve obligado a suspender a causa de una crisis nerviosa.
  • En 1842 publica la «Curso de filosofía positiva», donde trata de responder a los avances de la ciencia, planteando que ésta sirviera para mejorar no sólo la suma del conocimiento humano, sino también la sociedad en su totalidad.
  • En 1844 publico el libro «Discurso sobre el espíritu positivo», encierra lo principal del pensamiento de Comte.
  •  Entre 1851-1854 Système de politique positive, ou Traité de sociologie, instituant la religión de l’humanité (sistemas de política positivista).
  • En 1852 se publica «Catéchisme positiviste»(catecismo positivista), en el cual expone la religión universalmente.
  • En 1851 se publica el libro «Curso de Filosofía Positiva», en el cual, habla de la filosofía desde la astronomía popular.

Según la Biografía de Augusto Comte, a él se le atribuye la responsabilidad de haber fundado la disciplina conocida como Sociología, además de la corriente filosófica, política y científica ampliamente conocida como positivismo, una de sus mayores y más emblemáticas obras impulsadas a lo largo de sus años de vida y trayectoria.

La contribución teórica de la que se habla en la Biografía de Augusto Comte continúa siendo altamente relevante, con el concepto político de la “Ley de los tres Estados”. Resulta oportuno mencionar que Comte vivió bajo los auspicios de la Revolución Francesa, al igual que de la ciencia moderna y la Revolución Industrial. Esto nos lleva a pensar que una buena parte de sus dichos, escritos y obras están vinculados directamente a las intensas transformaciones sociales, económicas, ideológicas y científicas como resultado del capitalismo.

Fue bajo ese contexto que Augusto Comte se percata de que los acontecimientos sociales tendrían que ser entendidos como los demás fenómenos de la naturaleza. Esto se debe a que eran solo un tipo específico de realidad teórica, lo que implica que deben expresarse en términos sociales. A lo largo de su historia de vida, Comte se caracterizó por predicar un modelo de sociedad organizada.

En dicho modelo liderado por Comte, el poder espiritual no era lo más importante y lo que mayor predominio tenía dentro de la sociedad, al igual que el gobierno quedaría en manos de los sabios y de los científicos. Aunque también resulta oportuno aclarar que para Comte cada tipo de fenómeno tiene sus propias particularidades. Es decir, existe un método específico de observación para cada fenómeno.

Traducciones españolas de algunas obras

En la Biografía de Augusto Comte también destacan algunas de las traducciones españolas que se han realizado a muchas de las obras impulsadas por éste investigador, ampliamente conocido por ser el fundador de la corriente del positivismo y la sociología. En esta parte de nuestro artículo mencionaremos algunas de éstas traducciones más significativas.

  • Curso de Filosofía positiva, Aguilar, Buenos Aires 1973
  • Catecismo positivista, Nacional, Madrid 1982
  • Discurso sobre el espíritu positivo, Aguilar, Buenos Aires 1965; Alianza, Madrid 1988
  • Discurso sobre el espíritu positivo, Orbis, Barcelona 1985. La edición incluye: Curso de Filosofía positiva, traducción de José Manuel Revuelta; y Discurso sobre el espíritu positivo, traducción de Consuelo Bergés.
  • Plan de los trabajos científicos necesarios para reorganizar la sociedad, Tecnos, Madrid 2000.
  • Selección de los principales textos de cuatro obras de Comte, traducidos al castellano (Curso Filosofía positiva; Discurso sobre el espíritu positivo; Sistema de Política positiva; Catecismo positivista) en Canals Vidal, F, Textos de los grandes filósofos (Edad contemporánea), Herder, Barcelona 1977.

Las traducciones al español de algunas de sus más destacadas obras nos hacen imaginar que Augusto Comte fue sin duda alguna uno de los científicos más emblemáticos y ejemplares en el desarrollo del pensar humano, conocido en el mundo por ser el fundador de la corriente del positivismo y de la sociología, grandes aportaciones que influyeron en gran medida en la organización y e el rumbo del mundo.

Comte se encargó, a través de sus obras e ideas, de iluminar a la humanidad la cual, luego de concluida la Revolución Francesa, se encontraba sumergida en una impresionante crisis espiritual, sedienta de ayuda por parte de algún motivador y qué mejor opción que Augusto Comte; un hombre conocedor y luchador que mostró desde joven su inclinación por el bien del prójimo.

Las obras mencionadas en la Biografía de Augusto Comte sirvieron de impulso para una sociedad moderna que había provocado una profunda crisis en cuanto a la convivencia social y la sociedad. Para ese entonces era un problema y un quehacer que le tocaría liderar a los hombres de la época.

De acuerdo a lo que expone la Biografía de Augusto Comte, el científico planteada a través de sus pensamientos e ideas, que la ciencia positiva o también conocida como la corriente del positivismo, estaba en la capacidad de encontrar las leyes que dirigen no solamente a la naturaleza, sino incluso al propio desarrollo de la sociedad , elemento que se conoce como la sucesión y el progreso de determinados momentos históricos llamados estados sociales.

En pocas palabras se podría decir, de acuerdo a lo señalado en la Biografía de Augusto Comte, que él fue uno de los primeros teóricos del mundo que comenzó a emplear el ahora conocido término “sociología”. Gran parte de la obra desempeñada por Comte estuvo directamente ligada a Saint-Simon, al principio, sin embargo con el transcurrir del tiempo, su obra terminó cambiando hasta ser completamente diferente, incluso opuesta en algunos términos.

Desde que era apenas un joven, cuenta la Biografía de Augusto Comte que él mostró interés por los temas referentes al mundo de la filosofía. Una vez que terminó sus estudios en la década de 1817, Comte se dedicó a trabajar como secretario del conde Henri de Saint-Simon, quién se convirtió en uno de sus mayores inspiradores.

En la Biografía de Augusto Comte se dice que fue gracias a Saint-Simon, que él pudo comenzar a construir una carrera llena de éxitos y triunfos, con obras que dejaron un legado entre las nuevas generaciones. Fue con Saint-Simon que Comte expandió su conocimiento en cuanto a la filosofía y sobre el mundo que le rodeaba pero luego de siete años, decidió que era la oportunidad para romper lazos con la influencia del pensador francés y empezó un camino solitario.

Poco tiempo antes de ocurrir su muerte, la obra de Augusto Comte desembocó en una “religión de la humanidad” y él se erigió en el sino sacerdote. Su fallecimiento quedó registrado el 5 de septiembre del año 1875. De acuerdo a fuentes cercanas al emblemático personaje, murió estando en la ciudad de París. Con su muerte, Comte dejó un legado filosófico considerable.

Una de las cosas que más vale la pena destacar de la obra positivista planteada en la Biografía de Augusto Comte es que a través de la misma logró influir en muchos de los movimientos sociales que azotaron Europa durante la segunda mitad del siglo XIX y a principios del siglo XX.

Durante su paso por el mundo de la sociología y el positivismo, Augusto Comte popularizó interesantes frases, muchas de ellas fueron plasmadas en algunas de sus obras. Entre las frases más recordadas están:

El amor como principio, el orden como base, el progreso como fin.

Mucho más que los intereses, es el orgullo quien nos divide.

Los cielos proclaman la gloria de Kepler y Newton.

 Sólo los buenos sentimientos pueden unirnos; el interés jamás ha forjado uniones duraderas.

Así, el verdadero espíritu positivo consiste, ante todo, en ver para prever, en estudiar lo que es, a fin de concluir de ello lo que será, según el dogma general de la invariabilidad de las leyes naturales.

A los hombres no se les permite pensar libremente acerca de la química y la biología: ¿Por qué debería permitirles pensar libremente acerca de la filosofía política?

Estudios sobre el pensamiento de Comte

  • Arnau, P.,La pensée d’Auguste Comte, Bordas, Paris 1969.
  • Atencia, J.M.,Positivismo, metafísica y filosofía de la ciencia en Augusto Comte, Universidad de Málaga, Málaga 1990.
  • Augusto Comte y la metafísica, «Philosophica Malacitana» (1994) 25-31.
  • Centro de Estudios Filosóficos de Gallarate,Diccionario de Filósofos, Rioduero, Madrid 1986 (voz Comte, de A.Santucci).
  • Ferrater-Mora, J.,Diccionario Filosófico, 4 vol., Alianza, Madrid 1980.
  • Kolakowski, L.,La filosofía positivista, Cátedra, Madrid 19844.
  • Negri, A.,Augusto Comte e l’Umanesimo positivistico, Armando, Roma 1971.
  • Introduzione a Comte, Laterza, Roma-Bari 1983.
  • Negro Pavón, D., Comte: positivismo y revolución, Cincel, Madrid 1987.
  • Petit Sullá, J.M.,Filosofía, política y religión en Augusto Comte, Acervo, Barcelona 1978.
  • Riezu, J ., La concepción moral en el sistema de Augusto Comte , Ediciones Universidad de Granada, Granada 1981.
  • Sanguineti, J.J.,Augusto Comte: “Curso de Filosofía positiva”, Emesa, Madrid 1977.
  • Discusión sobre la ley de los tres estadios de Comte, en: “Atti del Convegno Evangelizzazione e Ateismo”, Paideia, Roma 1981, pp. 697-708.
  • Stuart Mill, J.,Augusto Comte y el positivismo, Aguilar, Buenos Aires 1972. Traducción al castellano de Dalmacio Negro Pavón. Esta obra de Mill versa sobre el Curso de Filosofía positiva completo y sobre la última doctrina de Comte.

Otras obras citadas en la voz

  • Agazzi, E.,Scienza e fede, Massimo, Milano 1983.
  • Cantore, E.,L’uomo scientifico. Il significato umanistico della scienza, EDB, Bologna 1988.
  • de Lubac, H.,El drama del humanismo ateo, Encuentro, Madrid 1997.
  • Fabro, C.,Partecipazione e causalità, SEI Torino 1960.
  • Jaki, S.L.,The Road of Science and the Ways to God, Scottish Academic Press, Edinburgh 1980.
  • Llano, A.,La nueva sensibilidad, Espasa-Calpe, Madrid 1988.
  • Putnam, H.,Mind, Language and Reality. Philosophical Papers, vol. 2, Cambridge University Press, Cambridge (MA) 1975.
  • Sanguineti, J.J.,La filosofía de la ciencia según Santo Tomás, Eunsa, Pamplona 1977 (Sanguineti 1977b)
  • Selvaggi, F., Filosofía del mondo. Cosmología filosófica, PUG, Roma 1985.
  • Weinberg, S.,Partículas subatómicas, Labor, Barcelona 1985.

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