Aprende más sobre la inalcanzable lucha heroica liderada por Caupolicán en contra de los conquistadores españoles que arribaron a la actual Chile durante el siglo XVI. Descubre cómo éste personaje llegó a convertirse en el jefe militar preferido de los mapuches y su espeluznante asesinato.

CAUPOLICÁN

Caupolicán

En nuestro artículo de hoy estaremos conociendo un poco más sobre la historia de vida y lucha social llevada a cabo por uno de los líderes militares más importantes de la comunidad indígena de mapuche durante los intentos de conquista por parte de los españoles en el siglo XVI en Chile. Estamos haciendo referencia a Caupolicán, considerado por el pueblo indígena de mapuche como uno de sus principales líderes militares o toque, como también se le conocía para la época.

Acompáñanos a conocer cómo fue la actuación desempeñada por Caupolicán durante los intentos de conquista españoles sobre el suelo chileno en el siglo XVI y por qué llegó a convertirse en uno de los hombres de lucha más importantes dentro de la comunidad indígena de la época.

Biografía

Sobre la historia de vida de Caupolicán no existen mayores detalles biográficos. Lo poco que se conoce es que estuvo casado con un personaje llamado Fresia, nombrada por otros autores como Gueden o Paca. También logró tener varios hijos, el mayor de ellos fue Lemucaguin, conocido por muchos como Caupolicán el Joven.

Primeros años

Si bien es cierto que no se conocen muchos detalles acerca de su vida, especialmente sus años de niñez, se podría decir que Caupolicán se caracterizó siempre por ser un hombre aguerrido y luchador. En su etapa de juventud se convirtió en uno de los hombres más importantes para los pueblos indígenas de Chile, sobre todo para la comunidad Mapuche, donde era considerado como un verdadero líder militar.

Una de las grandes luchas que encabezó Caupolicán durante sus años de juventud fue la de defender el control y dominio de su región, la cual estaba siendo amenazada por los conquistadores españoles de la época. Su inalcanzable lucha a favor de los pueblos indígenas lo llevó a que fuese escogido como toqui (un líder militar) por parte de los mapuches.

Caupolicán se convirtió en el sucesor de Lautaro, quién también desarrolló una gran lucha en defensa de las tierras chilenas que eran asediadas por los conquistadores españoles. Él destacó en la Guerra de Arauco, sin embargo también se llegó a decir que en realidad fue Alonso de Ercilla quién encabezó la conducción de la guerra en ese momento. Lo cierto es que luego de ellos comenzó a sobresalir Caupolicán como nuevo jefe militar de los Mapuche.

De acuerdo a lo poco que se conoce de la vida de Caupolicán, se llegó a decir que el creció en el seno de una familia bastante respetada dentro de la comunidad indígena y eso lo condujo a ganarse el cariño y confianza de la gran mayoría de los integrantes de dicha comunidad. También se dice que tanto Caupolicán como el resto de sus hermanos, acostumbraban desde jóvenes a involucrarse en el núcleo de jefes que organizaban los movimientos de guerra.

El historiador español Gerónimo de Vivar, quien participó en la conquista del Reino de Chile, llegó a expresar en la Batalla de Miliarapue lo siguiente acerca del entorno de Caupolicán:

«Al fin fue desbaratada aquel haz donde dio el capitán Rodrigo de Quiroga. Murieron ciento veinte indios, entre los cuales mataron siete principales y un hermano de Oteopolicán (caupolicán), que no era menos velicoso».

Otros historiadores, como Juan Ignacio Molina, también hizo referencia a parte de la familia más cercana a Caupolicán, entre ellos su hijo principal Lemucaguin. Molina aseguró que el toqui en Quiapo era Caupolicán el Joven, como también era conocido el hijo del líder militar de los Mapuche durante la conquista española sobre Chile:

«Caupolicán era un varón de autoridad, grave y severo, duro y decidido, firme para mantener sus opiniones y llevar a cabo sus empresas. Había nacido tuerto, y ese defecto, que daba a su cara un aspecto feroz y un poco tétrico, no era desmedro para su habilidad física…» Fernando Alegría en su libro Lautaro, joven libertador de Arauco

La historia nos demuestra el gran valor y coraje que caracterizó al pueblo de los Mapuches en plenos intentos de invasión por parte de los españoles. Para nadie es un secreto que los miembros de esta comunidad logrando defenderse con todo ante la conquista española del sur de Chile. Caupolicán llegó a convertirse en una de las piezas fundamentales de la resistencia demostrada por los mapuches, en compañía de Lautaro.

CAUPOLICÁN

Se dice que tanto Caupolicán como Lautaro fueron los principales líderes que encabezaron los movimientos enmarcados en la guerra del siglo XVI, siendo los jefes militares de los araucanos. Una de las grandes acciones que llevó a cabo fue la toma del fuerte Tucapel, en apoyo con Lautaro. También colaboró en la batalla de Tucapel, donde es derrotado el ejército conquistador y fallece Pedro de Valdivia.

Hablar de Caupolicán es sin duda alguna referirnos a historia, poder y lucha. Fue un hombre que desde siempre se mostró a favor de los intereses de los más necesitados. Hay quienes lo consideran como un verdadero símbolo de resistencia indígena. Gran parte de la vida y lucha liderada por Caupolicán fueron recopiladas por Alonso de Ercilla en su emblemática obra La Araucana, así como en el poema Caupolicán escrito por Rubén Darío.

Combate de Lagunillas

Tras la dolorosa y sorpresiva muerte de Lautaro, hasta ese momento el líder militar de los indígenas, los Mapuches prácticamente se quedaron sin un jefe o representante militar que los orientara hacia la lucha que tendrían que asumir frente a los españoles. La necesidad de un jefe guiador para los Mapuches quedó demostrada en el combate del Fuerte de San Luis, donde los indígenas no pudieron alcanzar sus objetivos, así como en la batalla de Lagunillas, celebrada el 8 de noviembre de 1557, donde tampoco lograron la victoria.

Fue así como los mapuches decidieron organizarse para luchar en contra de sus fuerzas enemigas. Armaron un grupo de más de doce mil hombres, quienes iban al mando de varios líderes, entre los que se encontraban los caciques Lincoyán y Galvarino. Este grupo de mapuches atacó a una sólida fuerza realista liderada por García Gurtado de Mendoza, representando un movimiento importante para sus aspiraciones futuras.

Sin embargo, una vez que cruzaron el río Biobío desde Concepción, el líder de las fuerzas realistas, García Hurtado, venía acompañado por un poderoso batallón conformado por unos 600 hombres, todos armados, además de unos 1500 yanaconas. A pesar de la gran maquinaria de defensa que tenían, los realistas terminaron siendo arremetidos por los indígenas en unos cenagales denominados Lagunillas.

Si bien se trató de un ataque sorpresa, las fuerzas realistas estaban muy bien preparadas para defenderse de cualquier ataque, sin embargo en esa ocasión las cosas no salieron como ellos esperaban. Los mapuches, con mucha fuerza y coraje y a pesar de la notable diferencia numérica, pudieron derrotar en una lucha cuerpo a cuerpo a los realistas. El enfrentamiento provocó una gran cantidad de fallecidos y heridos, ademas de cientos de detenidos.

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Se dice que fueron más de 150 las personas que resultaron prisioneras durante la batalla. Entre esas personas se encontraba uno de los toquis, Galvarino. El trato que recibió Galvarino fue realmente torturador por parte de los españoles al poder. García de Hurtado y Mendoza ordenó, como era costumbre entre los conquistadores españoles, mutilar la mano derecha y la nariz a los prisioneros.

Tras la orden, Galvarino se vio obligado a poner su mano derecha para que le fuese cortada, pero además en un acto de gallardía, también colocó su mano izquierda y ambas manos le fueron mutiladas sin compasión alguna. Luego de la brutal arremetida en su contra, fue dejado en libertad por las fuerzas opresoras. Toda esa tortura no hacia más que aumentar las fuerzas de los mapuches por defender sus derechos y territorio de los deseos de invasión por parte de los españoles.

Elección de Caupolicán como toqui

Fueron tiempos muy difíciles para las fuerzas indígenas, quienes tuvieron que batallar con duras derrotadas. Sin embargo, más allá de haber caído derrotados en varias ocasiones por los españoles, los mapuches no bajaron la guardia y se organizaron para tomar nuevas acciones en defensa del territorio. Convocaron a un gran Consejo en la Sierra de Pilmaiquén, un consejo que tenía por objetivo unificar en un solo mando a las fuerzas mapuches, por medio de la selección de un toqui o jefe.

Aunque habían muchas opciones sobre la mesa, el nombre que mas sobresalía era el de Caupolicán, quien hasta ese momento había demostrado ser un hombre valiente y con una gran fuerza física. Era de rostro severo y tuerto desde que era un niño. De acuerdo a lo que indican las tradiciones, Caupolicán tuvo que demostrar su fuerza ante los caciques, entre los que se encontraba Tucapel y Rengo.

Tuvo que sostener un inmenso y pesado tronco de árbol en sus brazos por más de dos días y dos noches sin parar. Así demostró tener una fuerza sorprendente y estar preparado para asumir el compromiso de ser toqui. Caupolicán pudo vencer al resto de los aspirantes, entre los que destacaban Ongolmo, Lincoyán y Elicura. Alonso de Ercilla lo inmortalizaría en La Auracana:

Con un desdén y muestra confiada,

asiendo el tronco duro y nudoso,

como si fuera vara delicada,

se lo pone en el hombro poderoso:

la gente enmudecía maravillada

de ver el fuerte cuerpo tan nervoso.

El color a Lincoya se le muda

poniendo en su victoria mucha duda.

El bárbaro sagaz despacio andaba,

y a toda prisa entraba el claro día;

El sol las largas sombras acortaba,

más él nunca decrece en su porfía:

al ocaso la luz se retiraba,

ni por eso flaqueza en él había;

las estrellas se muestran claramente,

y no muestra cansancio aquel valiente».

En el siglo XIX, el famoso poeta de origen nicaraguense Rubén Darío, redactó “Caupolicán”, uno de los sonetos aparecidos en el libro Azul, publicado en el año 1888, en cuya escena mitifica la mencionada gesta desempeñada por el gran Caupolicán antes de ser elegido como jefe de los mapuches:

Con un desdén y muestra confiada,

asiendo el tronco duro y nudoso,

como si fuera vara delicada,

se lo pone en el hombro poderoso:

la gente enmudecía maravillada

de ver el fuerte cuerpo tan nervoso.

El color a Lincoya se le muda

poniendo en su victoria mucha duda.

El bárbaro sagaz despacio andaba,

y a toda prisa entraba el claro día;

El sol las largas sombras acortaba,

más él nunca decrece en su porfía:

al ocaso la luz se retiraba,

ni por eso flaqueza en él había;

las estrellas se muestran claramente,

y no muestra cansancio aquel valiente».

Batalla de Millarapue

Luego de haber alcanzado una importante victoria para sus fuerzas realistas en Lagunillas, García procedió a internarse en territorio hostil, tratando de encontrar una oportunidad perfecta para realizar un nuevo ataque decisiva. Los realistas acompañaron en Millarapue, al interior de la Araucanía, el 29 de noviembre. Por su parte, los indígenas, teniendo a la cabeza a Caupolicán, trataron de arremeter sorpresivamente en contra del campamento rival en la alborada del 30 de noviembre.

Sin embargo el ataque planificado por los mapuches no logró los resultados esperados, debido a que ese mismo día en que atacarían al campamento rival, se celebraba entre los españoles el Día de San Andrés y cuando sonó el toque de diana de trompetas, los indígenas creyeron que era una alarma y pensaron que habían sido descubiertos, por los que su ataque quedó arruinado.

Para ese ataque, los mapuches habían reunido a más de quince mil hombres, entre ellos estaba Galvarino como líder principal, a pesar de no tener sus dos brazos los cuales le habían sido cortados durante su tiempo de detención. Luego comenzó la aguerrida Batalla de Millarapue, la cual se expendió desde la madrugada hasta el día siguiente.

La batalla de Millarapue fue encabezada por Caupolicán, quien la dirigió montado en un caballo de color blanco. Lamentablemente las fuerzas indígenas no pudieron resistir a los ataques de los flancos y terminaron siendo derrotados. Los conquistadores españoles constituyeron el fuerte de Cañete, no muy retirado de donde estuvo emplazado el de Tucapel.

La batalla del fuerte de Cañete

Los mapuches continuaron organizándose para luchar en contra de los españoles y fue así como un 20 de enero del año 1558, pudieron armas un nuevo plan para derrotar a sus fuerzas enemigas. Procedieron a conformar un batallón de más de quince mil indígenas, quienes se encargaron de rodear y sitiar la ciudad de Cañete.

El objetivo principal que tenían en mente los mapuches con este plan era provocar una profunda crisis en la ciudad de Cañete y hacer que los españoles muriesen de hambre. El escenario se volvió muy difícil, ya que la salida a campo abierto era una derrota más que segura para los españoles, pero al mismo tiempo, un ataque directo al fuerte, con el contingente hispano bien armado, se traduciría en una gran cantidad de muertos entre los araucanos.

En esa oportunidad un yanacona proespañol de nombre Andresillo, planteó un plan para engañar a los indígenas. El plan tenía como finalidad en llamar, por engaño, a los mapuches para que asistieran al fuerte. Lo que trataría de hacer Andresillo era simular ser amigo de los indígenas y hacerse pasar por un desertor de las fuerzas españoles, pero en realidad lo único que buscaba era engañar a los atacantes y salvar a los españoles.

Desafortunadamente, los Mapuches cayeron en el engaño. Andresillo les dijo que el mejor momento para atacar a los españoles era a la hora de la siesta, porque agarrarían desprevenido a sus rivales. Le prometió que él mismo se encargaría de abrir las puertas para proceder con el ataque. En ese momento, Caupolicán hizo comprobar que Andresillo estaba diciendo la verdad.

Para eso ordenó introducir un espía en el área interna del fuerte. Alonso de Reinoso, capitán del fuerte ya había previsto la visita del espía y dio instrucciones para que todos se hicieran los dormidos. La arremetida sorpresa, que en realidad no era sorpresa para nadie, se estableció llevarla acabo el 5 de febrero. Tal como había prometido, Andresillo abrió las puertas del fuerte y los mapuches procedieron a entrar de forma silenciosa al lugar.

Una vez que la mayoría de los mapuches se encontraban en el interior del fuerte, dispuestos a atacar a los españoles aparentemente dormidos, fueron vilmente sorprendidos por éstos, quienes procedieron sin mediar palabras a dispararle a los mapuches, desatando una gran cantidad de muertos entre los atacantes. Algunos de los indígenas lograron escapar con vida, entre ellos Caupolicán, quien por fortuna salió del lugar antes de que llegara la caballería española al área de combate.

Muerte de Caupolicán

Todavía los mapuches sobrevivientes no había terminado de escapar por completo del fuerte, cuando un nuevo ataque los sorprendió. En esa ocasión, Pedro de Avendaño arribó a Pilmaiquén y lideró lo que se conoce como la Batalla de Antihuala, la cual se desarrolló un 5 de febrero de 1558. Durante esa batalla fue detenido por las fuerzas rivales Caupolicán, quien también se encontraba organizando una contraofensiva ante los ataques recibidos por los españoles.

De acuerdo a lo dicho por Ercilla, cuando Caupolicán era llevado atado por un piquete con destino al fuerte de Tucapel, fueron sorprendidos por una mapuche iracunda llamada Fresia, quien llevaba cargada entre sus brazos a un pequeño bebé, quién era el hijo de Caupolicán. Fresia se mostraba furiosa con el toqui, a quien le reclamaba por haberse dejado capturar con vida por las fuerzas enemigas.

La mapuche le tiró al pequeño bebé en los pies a Caupolicán y se retiró del lugar. El hombre le suplicó a Fresia que regresara por el niño, sin embargo sus intentos no surgieron efectos favorables. Caupolicán fue trasladado ante el veterano Alonso de Reinoso, quien dio la orden para que fuese asesinado en la pica. Resultó ser una muerte horrible por empalamiento.

El asesinato de Caupolicán fue ejecutado por Cristóbal de Arévalo. El jefe de los mapuches fue subido y atado a una tarima que tenía una punta de madero cortado en forma de pica en todo el centro. A pesar de estar a punto de morir, Caupolicán se mostraba tranquilo y paciente. Volteó para mirar a la gran cantidad de españoles que se encontraban en el lugar para presenciar su asesinato y les dijo:

«Pues el hado y suerte mía me tienen esta suerte aparejada, vean que yo la pido, yo la quiero, que ningún mal hay grande y es postrero».

Luego de pronunciar aquellas palabras, Caupolicán alzó el pie derecho con las amarras puestas y dio una gran patada al verdugo, que rodó de la tarima. Después de hacer aquel acto de valentía, el propio Caupolicán procedió a sentarse en la pica, y sin contemplar palabra alguna, fue asesinado por perforación intestinal. Su fiel compañero de lucha, Galvarino, también había sido capturado por los españoles y condenado a ser ahorcado.

Después de haber sido cometidos ambos crímenes y tomando en cuenta el prestigio familiar, Caupolicán el Joven, quien era el hijo principal de Caupolicán, fue seleccionado como el nuevo jefe militar de los mapuches, teniendo participación en la batalla de Quiapo, celebrada en el mes de noviembre de 1558.

No se puede dudar de la gran valentía de Caupolicán. A pesar de no lograr los triunfos ni tener el genio militar que caracterizaba a otros luchadores como Lautaro, el trabajo desarrollado por ambos fue increíble. Parte de la historia de lucha llevaba a cabo por estos dos guerreros fue contada en el poema épico La Araucana, escrito por Alonso de Ercilla.

Por su parte Rubén Darío también llegó a realizar un poema dedicado a ambas personalidades. Tuvieron que transcurrir más de cuarenta años para que se volviese a formar un nuevo caudillaje mapuche, sobresaliendo algunos nombres de líderes como Pelantarú, Lientur y el mestizo Alejo. Hoy en día Caupolicán continúa siendo recordado como uno de los hombres más fuertes e inteligentes en la historia de Chile.

Actualmente son muchos los lugares y espacios públicos que llevan su nombre, como homenaje a la inalcanzable labor desempeñada.

«Ha cambiado la historia para nosotros, claro. Los “libros oficiales” dicen que son otros los que la hicieron y la siguen haciendo por nuestros pueblos. Los héroes de esta historia, en un mundo “civilizado” en el que ya no debiera haberlos, son los invasores.

Más Caupolicán empalado, enfrentándolos, representa el suplicio de nuestro pasado, que entra ardiendo en nuestros corazones. Lautaro es el futuro que vislumbramos, detrás de la cortina del misterio y del compromiso, y que saldrá como la luz de nuestros ojos». Elicura Chihuailaf

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