Disfruta de un interesante Resumen de Meditaciones de Descartes, una de las obras más analizadas y populares escritas por el filósofo de origen francés René Descartes. A través de esta obra, el autor plantea como principal objetivo el demostrar la existencia de Dios por medio de razonamientos lógicos.

RESUMEN DE MEDITACIONES DE DESCARTES

Resumen de Meditaciones de Descartes

En nuestro artículo de hoy conocerás un interesante Resumen de Meditaciones de Descartes; una famosa obra original de René Descartes y que salió a la luz por primera vez en la década de 1641. El nombre completo del libro es “Meditaciones metafísicas en las que se comprueba la existencia de Dios y la inmortalidad del alma” y se ha constituido como una de las obras más polémicas y a la vez interesantes de toda la historia.

La primera vez que se publicó la obra Meditaciones de Descartes fue en el año 1641. En esa ocasión el libro se presentó bajo el nombre “Meditationes de prima philosophia, in qua Dei existentia et animae immortalitas demonstrantur”. Se trató de una versión francesa que realizó el recordado Louis Charles de Luynes, contado con el respaldo del escritor Descartes.

Una nueva versión de la obra saldría a la luz en el año 1647, ésta vez bajo el nombre de “Méditations métaphysiques. En ella se elabora el sistema filosófico que había introducido Descartes en 1637, en la cuarta parte del Discurso del método. En pocas palabras se podría decir que uno de los principales objetivos del autor con esta obra es la de demostrar la existencia de Dios por medio de razonamientos lógicos.

Descartes también pretende definir las bases del conocimiento del momento con el objetivo de disponerlo sobre unas bases más consolidadas de las que había hasta ese entonces. A través de dicha obra, el autor analiza la naturaleza dual del hombre, compuesta por pensamiento y cuerpo. En pocas palabras, se pretende buscar “la verdad” de las cosas a través de la razón.

Primera meditación

El Resumen de Meditaciones de Descartes debemos iniciarlo con la primera meditación a la que hace referencia el autor. En esta primera meditación, el escritor de dicha obra recomienda no acostumbrarse a las ideas falsas. Cree que la manera más eficaz de luchar en contra de las ideas falsas es a través de su destrucción de raíz, en sus fundamentos, sin pensar en los costos que eso puede ocasionar.

Siguiendo ese orden de ideas, el autor Descartes cree que no es recomendable fiarse de los sentidos, ya que sostiene que los mismos pueden resultar muy engañosos e imposibilitan el poder descubrir la verdad con precisión. Asegura que la cosa se complica si se trata de distinguir el sueño de la vigilia.

De acuerdo a lo que plantea Descartes, en ocasiones tenemos la idea de que todo lo que soñamos puede ser fiable, sin embargo una vez que despertamos del sueños caemos en la realidad de que nada de lo que habíamos soñado pasó en la vida real, es decir, no era verdadero. Allí sostiene que es fundamental el ser los más radicales posibles.

En esta primera meditación, Descarte se atreve a calificar de falsos todos aquellos planteamientos de los que se presente cierta duda, por más pequeña que ésta parezca. De esa manera establece su criterio de verdad: solo aceptar lo que es inmune a la duda.

Segunda meditación

Descarte, a través de su segunda meditación, plantea el argumento sobre la certeza de la propia existencia, incluso ante la duda de todo lo demás:

Me he convencido de que no hay nada en el mundo, ni cielo, ni tierra, ni mente, ni cuerpo. ¿Implica ello que yo tampoco exista? No: si hay algo de lo que esté realmente convencido es de mi propia existencia.

Pero hay un engañador de poder y astucia supremos que me está confundiendo deliberada y constantemente. En ese caso, y aunque el engañador me confunda, sin duda, yo también debo existir… la proposición «yo soy», «yo existo», es necesariamente cierta para que yo la exprese o algo confunda mi mente. En otras palabras, la conciencia implica la existencia.

En una de las réplicas a las objeciones del libro, Descartes resumió este pasaje en su ahora famosa sentencia: «Pienso, luego existo» (en latín: Cogito ergo sum).

Sería absurdo pensar que cuando vemos y sentimos en realidad no sabemos ni sentimos que estamos viendo y sintiendo: puedo pensar y dudar de si el mundo existe o no, pero está claro que cuando pienso eso mi pensamiento efectivamente existe. Por tanto, «pienso (dudo), luego existo».

RESUMEN DE MEDITACIONES DE DESCARTES

Tercera meditación

Durante su tercera meditación, el autor Descartes expone diferentes argumentos que tratan de verificar la existencia de Dios. En primer lugar lo hace desde un punto de vista epistemológico, pues se hace la interrogante acerca de que si todas sus ideas las ha creado el mismo.

Descartes asegura que las ideas requieren una causa formal y una causa real, las cuales deben presentar las características fundamentales para poder generar un determinado resultado, en este caso la idea. Partiendo de la base de que no hay existencia de otros seres humanos en el mundo, cree que la mayoría de las idean han sido creadas por él, dado a que él tiene noción del espacio, la longitud, la profundidad, entre otros aspectos.

No obstante, tiene dudas acerca de la posibilidad de una de las ideas, asegurando que es imposible atribuírsela a sí mismo. Se trata de la idea de la perfección. La idea de lo infinito no pudo haber sido creada por él porque tendría que ser infinito él mismo (causa real), pero no puede ser infinito debido a que tendría que ser perfecto y perfecto no es dado a que ha creído cosas como ciertas cuando no lo son.

Asegura que la idea del infinito no puede ser simplemente una negación de lo infinito, pues es mucho más sencillo pensar en algo finito que en algo infinito.

Cuarta meditación

Una vez que Descarte confirma la existencia de Dios, también observa que su creación, es decir nosotros, somos imperfectos. La imperfección en nosotros es posible demostrarla al momento de hacer juicios. Está claro que no tenemos la capacidad de saber si algo es cierto o no, sin embargo, si Dios es perfecto, el engaño y el fraude son imperfectos; lo que nos lleva a pensar que no pueden venir de Dios.

Ciertamente por medio de la razón, los seres humanos están en la capacidad de diferenciar cuando algo es verdadero o falso, no obstante en muchas ocasiones hemos sido inducidos al error. Se hace la siguiente interrogante: Si somos creación perfecta de Dios, ¿Cómo se explica que seamos muchas veces imperfectos?

Cuando intentamos diferenciar entre los verdadero y lo falso, empleamos como factor determinante el entendimiento y la voluntad. En primer lugar el entendimiento nos da la oportunidad de conocer mejor nuestro entorno, sin embargo no afirma ni niega nada en absoluto, por ello el error tiene que proceder de la voluntad; al ser más amplia, hace juicios sobre cosas que ni siquiera conoce, seduciéndonos al error.

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Pero ¿Cómo evitamos pisar el peine del error? Descarte asegura que para lograr evitar el error, una de las cosas que debemos aprender a utilizar es la razón por encima de la voluntad. Él sostiene que Dios nos entrega la “herramienta” de la voluntad, sin embargo nosotros mismos no la hemos sabido emplear, dándole un incorrecto uso.

Si realmente en nosotros está la intención de hacer buenos juicios, lo primero que debemos procurar es ver si la idea proviene de Dios y es clara y distinta, pues será verdadera, y debemos evitar ideas confusas, probablemente diseñadas e inducidas por un ser maligno apartado completamente de Dios.

Quinta meditación

En la meditación número cinco planteada por Descarte, se puede apreciar cómo el autor expone una notable prueba acerca de la veracidad en cuanto a la existencia de Dios. En esta ocasión corresponde a un argumento ontológico. Dicho argumento inicia con la definición de Dios como un ser imperfecto, pero también el considerar a la existencia como una perfección (lo que existe es más perfecto que lo que no existe).

Partiendo de esa explicación, Descarte nota que así como es imposible pensar una montaña sin una ladera, dado a que la ladera hace parte de la definición de montaña, así mismo no se puede imaginar a Dios sin atribuirle la existencia, debido a que la existencia también forma parte de la definición de Dios. Y dado que podemos pensar en Dios, se sigue que Dios existe.

Sexta meditación

Después de comprender cuál es la esencia principal de las cosas materiales, Descartes explica que se debe buscar la manera de comprobar su verdadera existencia, debido a que una vez demostrada la esencia de lo material, es probable que existan. Esto sucede, de acuerdo al autor, ya que todo lo que se concibe de forma clara, es muy posible que haya sido generado por la potencia divina, recordando que Dios no puede hacer algo falso.

En la sexta meditación, Descarte se enfoca en la existencia de las cosas materiales y sobre la distinción real del alma y del cuerpo. En meditaciones anteriores, el autor había mostrado cierto rechazo a confiar en los sentidos, sin embargo en esta parte destaca la importancia de la relación entre el alma y el cuerpo, que ha de producirse en el cerebro, o incluso en una pequeña parte de él.

Básicamente en esta sexta meditación, Descartes se enfoca en examinar la existencia de las cosas materiales, así como también en encontrar las principales diferencias que hay entre los dos elementos que definen al ser humano: alma y cuerpo.

En su última meditación, Descartes cree que el hombre, por medio del cuerpo, tiene percepciones y sentimientos. El alma se encarga de pensar, reflexionar, razonar e imaginar, sin embargo, requiere de un cuerpo para poder lograr la interacción del alma con el cuerpo exterior.

Explica que es responsabilidad del cuerpo toda decisión que afecte al cuerpo. Pone el ejemplo del comer y beber, asegurando que dichas acciones no se llevan a cabo por voluntad propia, sino más bien como una necesidad demandada. En otras palabras, las reacciones emocionales dependen del cuerpo.

Prueba por la imaginación:

Descartes sostiene la prueba es posible generarla por una de las capacidades que tiene el pensamiento. Esta va a ser la imaginación. Para ello plantea tres puntos en especial:

1: El autor define la imaginación como cierta aplicación del pensamiento para conocer el cuerpo.

2: Descartes explica en este punto algo interesante referente a la imaginación. Asegura que la imaginación, cuando intenta tener una imagen clara, lo hace por medio de los ojos del espíritu. También menciona el entendimiento.

El entendimiento, entre otras cosas, permite extraer ciertas propiedades inmutables de las figuras. Por eso cuando tratamos de imaginar un triángulo nos lo representamos claramente, pero no así cuando se hace con una figura de mil lados, debido a que se confunde con una de quinientos o setecientos.

Sin embargo cuando se hace uso del entendimiento puro, es posible concebir clara y distintamente ambas figuras. De esto se sigue que la imaginación no es una facultad que nos permita conocer la figura.

3: Referente a mi propia esencia, y tomando en consideración lo anteriormente expuesto, se sigue que la imaginación no es una facultad que sea fundamental en mi identidad.

Pues podría concebirse sin imaginación que no dejaría de ser yo mismo. Por consiguiente, difiere de mi espíritu en que se vuelve hacia cosas materiales exteriores a mí a la hora de imaginar mientras que a la hora de concebir se vuelve hacia este considerando solo ideas.

Prueba por el sentir:

Como primer paso,. El autor Descartes realiza una evaluación de cada uno de los conocimientos que tenía por ciertos antes de comenzar las Meditaciones. Como segundo paso, estudia las razones por los que llegó a dudar de aquellos “conocimientos” que tenía.

Separación cuerpo y alma:

En el Resumen de Meditaciones de Descartes, su autor hace especial mención a dos factores importantes en el ser humano como lo son el cuerpo y el alma. Él se plantea cómo el cuerpo y la mente-ama se relacionan entre sí. Cómo algo material (el cuerpo) puede tener relación con algo inmaterial (el alma).

En cuanto que tengo la certeza de mi existencia, tengo la certeza de mi pensamiento. Más allá de ese pensamiento no veo qué otra cosa me sea propia, soy solo una cosa que piensa que no tiene extensión. Sin embargo, también concibo clara y distintamente una idea de esta extensión. De esto se sigue que yo que soy una cosa que piensa puedo existir sin cuerpo. De esta forma, se da la distinción esencial.

Prueba de la existencia de las cosas corporales:

En esta parte del Resumen de Meditaciones de Descartes, el autor de dicha obra expone varios puntos claves relacionados con la existencia de las cosas corporales. En primer lugar hace mención acerca de las facultades que tiene cada individuo. Habla de las facultades accidentales, como el sentir y la imaginación. Asegura que dichas facultades forman parte de la sustancia pensante de la persona y que sin ella no podrían existir.

Así mismo, asegura que hay facultades vinculadas con el movimiento que necesitan de otra sustancia a la que estén anexadas para existir. Dicha sustancia debe tener la característica de ser extensa pues es lo que se concibe cuando se la piensa clara y distintamente. Por otro lado hace mención a una facultad pasiva de sentir.

Esta facultad pasiva de sentir tiene la responsabilidad directa de conocer estas ideas de cosas sensibles la cual necesita una facultad activa de sentir que se encargue de producir las ideas de estas cosas sensibles y que no depende de mi pensamiento en tanto se presentan contra mi voluntad.

Por consiguiente, tiene que estar contenida formalmente la realidad objetiva de estas ideas en algo que las produzca (y que como se dijo anteriormente no puedo ser yo). Estos pueden ser el cuerpo o Dios, o bien otra criatura más notable.

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Pero estas ideas son confusas, es decir, tienen una realidad objetiva baja. Como Dios no es engañador no puede ser él el que produzca en mí estas ideas ni a través ninguna criatura que las contenga formalmente. De esto se sigue que lo único que puede producirlas son las cosas corpóreas y, por lo tanto, que estas existen. Igualmente, las cosas sensibles pueden no ser exactamente como se me representan por la oscuridad de mi facultad sensitiva.

Pero todas las propiedades que hacen a la esencia de las cosas materiales existen de hecho y, las cosas particulares son pasibles de ser conocidas pero no a través del sentir sino del concebir.

Que enseña mi naturaleza:

René Descartes, en esta parte del Resumen de Meditaciones de Descartes, presenta algunas enseñanzas respecto a la naturaleza del ser humano. Es importante recordar que según el propio autor, cuando habla de naturaleza se refiere a cada unas de las disposiciones que tiene cada persona. Alega que por ser esta naturaleza algo que proviene de Dios, alguna verdad debe contener.

  • Tenemos un cuerpo que expresa necesidades: El cuerpo se encarga de notificarme lo que debo comer, cuando tengo sensaciones de hambre y lo que debo beber cuando tengo sensaciones de sed.
  • Toda persona está unida de manera clara y sólida con su cuerpo. No sucede como en el caso de un capitán que ve cómo su barco se destroza y simplemente lo señala. Cada sentimiento de hambre y sed vienen como resultado de la unión entre el cuerpo y el espíritu.
  • Descartes también señala que hay otros cuerpos que nos rodean y de los cuales se debe buscar uno y retirarse del resto. Nuestro cuerpo recibe comodidades o incomodidades de los cuerpos que lo rodean.

Esto que me enseña mi naturaleza es siempre en cuanto soy un compuesto de espíritu y cuerpo puesto que de otra manera podría pensar que estar cosas son de igual manera que como se presentan cuando la realidad es que solo las puedo considerar verdaderamente conocidas cuando las concibo a través del entendimiento y no del sentimiento. Por lo tanto, hay que evitar hacer juicios precipitados de aquellas cosas que se me presentan en tanto compuesto.

Objeciones

A través del Resumen de Meditaciones de Descartes, el autor realizar varias objeciones respecto a la naturaleza y su comportamiento:

  • De acuerdo a las cosas que enseña la naturaleza, se podría decir que la misma tiende a equivocarse con facilidad, debido a que para ella determinada cosa (una comida) puede resultar agradable pero en realidad puede que esté envenenada. Pero en este caso a lo que la naturaleza me está incitando es a querer la comida, no a consumir el veneno.

Si la naturaleza estuviera entendida de que allí hay veneno, seguramente no me direccionará hacia ella. Todos sabemos que la naturaleza que tenemos es finita, no se puede pretender tener un conocimiento absoluto de las disposiciones a las que me lleva o introduce.

  • También hay casos en los cuales la naturaleza me inclina a querer desear cosas que no me benefician o me hacen daño, como el caso de un sujeto enfermo. En esta parte el autor reconoce que la Naturaleza es falible y errónea en ciertos casos por la manera en que está conformado el cuerpo humano.

Descartes también califica de positivo que en las condiciones de necesidad, el cuerpo transmite los sentimientos que permiten la supervivencia y, si bien en algunas ocasiones genera sensaciones cuando no existe ninguna necesidad de ello, esto no resulta tan negativo como si no ocurriese lo primero.

Eliminación del supuesto del sueño:

En su Resumen de la Meditación de Descartes, el autor explica que la eliminación del supuesto del sueño ocurre por medio de la memoria. Detalla que cuando estamos soñando, resulta prácticamente imposible conectar todos los sueños de forma de generar una continuidad entre ellos como si se tratarse de una historia contada, algo que sí se puede lograr mientras estoy despierto.

Hay una unidad de la experiencia que es posible concebir cuando estoy despierto y que consiste en la concepción clara y distinta de las cosas que están conectadas por el sentimiento a mi secuencia de vida particular. Siendo Dios, en fin, el garante de que no puedo ser engañado.

Ediciones completas

  • Meditaciones metafísicas con objeciones y respuestas, trad. de Peña García, Vidal. Alfaguara, Madrid, 19932
  • Meditaciones metafísicas [con objeciones y respuestas], trad. de Peña García, Vidal. KRK Ediciones, Oviedo, 2005
  •  Meditaciones metafísicas. Seguidas de las objeciones y respuestas, trad. Díaz, Jorge Aurelio. Editorial Universidad Nacional de Colombia, Bogotá D.C., 2009

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